Durante su reciente visita oficial a la República Popular China, el presidente Nicolás Maduro se refirió al tema de la migración colombiana como una “emergencia humanitaria” producto del “éxodo humanitario masivo” desde ese país hacia Venezuela como producto de la violencia y el narcotráfico. Tales declaraciones, se hicieron en el contexto de la decisión de Estado de cerrar algunos pasos fronterizos con Colombia ubicados en el estado Táchira, lo cual ha generado una serie de debates y reflexiones sobre la “cuestión colombiana”.
Esas reflexiones y debates, llevadas al contexto internacional, están poniendo sobre la mesa un conjunto de verdades que históricamente habían sido invisibilizadas y escamoteadas por la mediática internacional atlantista y sus aliados. En este contexto de visibilización de verdades históricas, el presidente Maduro ha utilizado términos como “éxodo humanitario” y uno que no se había utilizado o aplicado a la problemática, pero que la define muy bien: diáspora. Dijo Maduro que desde los años 50, 60 y 70 se inició una diáspora de colombianos que huían de la violencia y el narcotráfico y que en los noventa y comenzando el siglo se agravó producto del paramilitarismo. En consecuencia, hoy tenemos en Venezuela la impresionante cifra -para algunos conservadora- de 5.600.000 colombianos, cifra que constituye el 20% de la población del país.
En entrega anterior, definimos esta invisibilización como un encubrimiento a la usanza de los grandes encubrimientos históricos de los últimos quinientos años, en particular el referido al surgimiento de la modernidad capitalista en Europa como proceso que tuvo como condición el colonialismo y la colonialidad del resto del mundo, particularmente de la región que después se llamó América Latina. Este encubrimiento de la crisis humanitaria generada por la histórica guerra interna en Colombia, fue expresado por nuestro embajador en la OEA, Roy Chaderton, cuando este se refirió a los millones de colombianos que viven en Venezuela como los “invisibles” para los gobernantes de Colombia.
Sin embargo, los números son los números, y los seis millones de colombianos en Venezuela, y los cientos de miles que viven en Estados Unidos y en Europa, reflejan la elocuente realidad de la diáspora más numerosa de la humanidad. Sin embargo, tan importante realidad no está reflejada en uno de los sitios de información referencial más consultados de internet: Wikipedia. Según la conocida enciclopedia digital, el término, de origen griego, fue usualmente aplicado al exilio del pueblo judío de Israel y la consiguiente dispersión de este por el mundo. Por extensión, el término aplica a todo grupo étnico o religioso que ha abandonado su lugar de procedencia originaria, y que se encuentra repartido en varios países del mundo. Al consultar el diccionario RAE, nos encontramos con dos acepciones: 1- Dispersión de los judíos exiliados en su país; y 2- Dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen.
Wikipedia, no solo se queda con la primera acepción, sino que refleja en su artículo otras diásporas históricas que no se han dado por razones étnicas-religiosas, aceptando la segunda acepción, pero sin incluir a la más grande diáspora del mundo, la cual está siendo noticia hoy en día. Si bien la diáspora judía abarca el mayor esfuerzo explicativo del artículo, el mismo incluye también a las siguientes: diáspora africana, diáspora armenia, diáspora canaria, diáspora china, diáspora cubana, diáspora gallega, diáspora griega, diáspora morisca, diáspora turca y diáspora vasca. De este grupo de ejemplos, algunas se dieron por razones de discriminación y persecución étnica-religiosa tal como ha ocurrido históricamente con los judíos; pero hay otras que se han producido por razones económicas y políticas, lo cual permitiría incluir a la más grande de todas, la diáspora colombiana, y que sin embargo no se hace. Veamos cómo la enciclopedia ilustra el caso cubano y gallego:
La diáspora cubana es explicada de la siguiente forma: “Se denomina así a la migración de ciudadanos cubanos que de distintas formas han emigrado de Cuba después del Triunfo de la Revolución liderada por Fidel Castro, el 1º de enero de 1959. Conforme a las leyes migratorias cubanas, por lo general quien decide residir permanentemente en el extranjero, se considera que ha abandonado definitivamente el territorio nacional.” Es decir, esta diáspora se dio por razones políticas, e incluso, como todos sabemos, fue promovida desde Estados Unidos por las mismas razones políticas. Veamos ahora lo que dicen sobre la diáspora gallega:
“Se conoce como diáspora gallega al proceso de emigración masiva que se produjo en Galicia durante las 3 últimas décadas del siglo XIX hasta bien pasada la mitad del siglo XX. En sus orígenes obedeció a razones económicas, principalmente la pobreza como consecuencia de la falta de trabajo, a la que se le sumaron razones políticas, fundamentalmente la represión franquista, que en Galicia comenzó en julio de 1936, al poco de estallar la Guerra Civil.” Ahora, ensayemos un cambio de nacionalidad, e intercambiemos diáspora gallega por diáspora colombiana. El resultado, sería este:
Se conoce como diáspora colombiana al proceso de emigración masiva que se produjo en Colombia durante la segunda mitad del siglo XX hasta bien entrado el siglo XXI. En sus orígenes obedeció a razones económicas, principalmente la pobreza como consecuencia de la falta de trabajo, a la que se le sumaron razones políticas, fundamentalmente la represión violenta de la oligarquía, que en Colombia comenzó en abril de 1948 poco después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y de la explosión social que este hecho generó, el cual derivó en la radicalización de la violencia política, el surgimiento de la insurgencia, la aparición del narcotráfico y la posterior creación del paramilitarismo.
Considerando los números de esta diáspora y el sufrimiento que históricamente ha generado, esta debería tener su propio artículo en Wikipedia, con toda la extensión y rigurosidad que merece el caso. Pero lo que hay es un artículo que denominado “emigración colombiana” que está planteado de forma bastante eufemística, y que expresa el escamoteo y la invisibilización histórica de la que hemos hablado. Esta última, encontraría su explicación en un hecho clave fundamental: El contubernio histórico entre Estados Unidos y la oligarquía colombiana, el cual seguramente contempla entre las clausulas referidas al tema mediático una línea innegociable: el manejo “políticamente correcto” del conflicto armado en Colombia y, no podía faltar, la campaña permanente contra Venezuela. Esta última, sin duda fue exacerbada en los años de la Revolución bolivariana.
Como muchos otros temas, la cuestión central aquí sigue siendo mediática, de encubrimientos, invisibilizaciones y construcción histórica de relatos funcionales a las políticas neocolonialistas del imperialismo enemigo del ideal bolivariano integracionista y antiimperialista. Hoy, más que nunca, la verdad sigue siendo revolucionaria. Llamemos a las cosas por su nombre.
* Publicado en Poderenlared.com el lunes 7/09/15
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martes, 8 de septiembre de 2015
Carlos "El pollo" Echeverri: Colombia debe hacerse cargo de una vez por toda de su tragedia nacional
Por: Ernesto J. Navarro
Una mañana larga de 2005, Carlos Echeverri desembarcó en Caracas. Con 21 años ya cargaba en el morral el peso de ser un desplazado. Uno de los millones que corren para salvar su vida de la violencia secular que estigmatiza a la Colombia de Gaitán.
Él, no escogió venir a Venezuela porque el cambio de monedas le fuese a representar más dinero. Una cadena de amenazas de grupos paramilitares le marcaron la opción del exilio forzado para preservarse con vida.
Así que con la respiración en vilo dejó atrás su vida, la que conocía.
Vivía en ese pandemonium del sabor llamado Barranquilla. De niño padecía de la garganta por eso sus vecinos barranquilleros, que en opinión del escritor David Sánchez Juliao (El viejo Deivi) tienen una gran capacidad “para castigar con el verbo a la otra gente”, lo bautizaron como “Pollo Ronco”. Pero cuando creció la ronquera se esfumó y sólo quedó el Pollo.
El Pollo Echeverri estudiaba música en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, además se coleaba en la cátedra de sociología y –como él mismo dice- militaba de chévere en el Partido Comunista. Pero nada para resaltar.
El 17 de septiembre de 2004 será el día que, sin desearlo, marcó la vida de “El Pollo”. Es la fecha en la que un complot entre funcionarios del desaparecido DAS y las Autodefendas Unidas de Colombia (AUC) derivó en el asesinato del “bacán ilustre”, Alfredo Correa de Andréis (1).
6 años estuvo como “refugiado” no oficial en la Venezuela Bolivariana. Ahora emprendió ruta a un nuevo destino y como por estos días se habla de colombianos, deportaciones, paramilitares, desplazados y fronteras, compartimos con ustedes su experiencia personal y pasional.
¿Qué tiene que ver el asesinato de Alfredo Correa de Andréis en tu vida?
-Él escribía un libro que se llamó "La pérdida de la personalidad jurídica en los desplazados" ¡Fíjate tú! En eso la Seguridad Democrática del Dr. Álvaro Uribe lo sindicó de guerrillero y le montaron un expediente. Fue preso y a los dos meses lo mató un sicario a sangre fría, en plena calle, junto a su escolta. Alfredo le grito ‘no me mates, loco’.(2).
Fue así fue como varios de sus colaboradores tuvimos que huir ante el inminente peligro. Entre ellos, Pedro Carvajalino, el flamante conductor de Zurda Konducta, y Miguel Ángel Rojas, por quienes conocí a ese mítico personaje.
Yo les seguí a Bogotá pues lo paramilitares no dejaban de llamar a mi casa para que revelara el paradero de ellos. Sabían todo yo lo que hacía, me seguían y las amenazas no se hicieron esperar.
En Bogotá la situación no mejoró, pero en realidad partimos hacía Venezuela agobiados por las penurias que afectan a cualquier migrante económico. En Bogotá, como en Barranquilla, como en toda Colombia, no hay trabajo, esa es la verdad. Así que nos parecía una decisión natural.
Adicionalmente nos sentíamos atraídos por el sueño bolivariano encarnado por el Comandante Chávez.
En mi caso particular ya conocía Venezuela. Desde chico viajaba frecuentemente hacía allá. Mi madre, colombiana, limpió pisos en Caracas durante 30 años. Y yo, hasta tenía asuntos pendientes allá con una chica y tal...jeje.
* * * * *
Los primeros años fueron muy rudos. El Pollo comía todo lo que podía durante el día, gracias a un carnet de La Universidad Bolivariana de Venezuela que un pana se lo prestó caleta. En las noches pasaba hambre.
Pero siempre ha sido un tipo entrador y con una labia que asombra. Consiguió trabajo Fundarte como sistematizador de las experiencias de los promotores culturales del Distrito Capital. Poco después, Miguel Ángel Rojas ofreció chamba como asistente de producción para "El Urbanauta", en Avila tv.
Allí saltó a la palestra pública, pero también fue así de sopetón. Un día a alguien del canal le pidió que fuera a cubrir una marcha de la oposición. Yo me le mido, dijo El Pollo. Fue, y con tan solo re-preguntar, me lucí, contaría después.
En ÁvilaTv hizo "Pelúos con Curita", "Cara de Vidrio" y "Caracas En Directo". Pasó por las radios YVKE Mundial, Radio Nacional de Venezuela y hasta La Radio del Sur.
¿Sentiste xenofobia en Venezuela?
-Sí, por supuesto. Al billete se le denomina caliche para decir que es falso, el caliche mismo es un gentilicio bastante usado para referirse a los colombianos. Otra, colombiano que no la hace a la entrada la hace a la salida, esas son tan solo algunas cosas que recuerdo al voleo y que me trastocaron.
Sin embargo, pude insertarme socialmente con éxito. Las personas que más admiro, intelectual y sentimentalmente hablando, están en Venezuela.
Por haberme brindado estudio, trabajo y salud, voy a estar eternamente agradecido con el pueblo de Venezuela y específicamente con la Revolución Bolivariana.
Pero también conozco grandes zonas liberadas donde los colombianos no lograron integrarse. Por ejemplo, en Petare. Porque una cosa es la inclusión, que tengas los mismos derechos, algo que en sí es bien recién, y otra es la integración.
¿Por qué te fuiste de Venezuela?
-Yo tenía trabajo, salud, y educación garantizada, como bien he dicho, pero me cansé de no poder ejercer y gozar de esos derechos. Ganar un sueldo digno y no poder disfrutarlo a plenitud; obtener buenos servicios y recreación, y sin que te coma la inflación. Es una paradoja que el chavismo tiene que resolver rápidamente.
En definitiva, fueron varias las razones de mi partida, algunas de índole personal, otras de orden profesional, pero la gota que rebozo mi copa fue el tema de la inseguridad. Sin la vida no hay nada. ¿En Colombia te mata el Estado, en Venezuela el hampa? ¡no es negocio! Ahora estoy en Argentina.
Pollo ¿Qué pasa con la migración venezolana en Argentina?
-Acá me encuentro con muchos venezolanos. No paran de llegar, hay un éxodo de venezolanos, eso también hay que decirlo. Muchos de ellos son chavistas. Pero no los siento contrariados, ni derrotados. Creo que es porque entienden que los cambios han sido positivos.
El gobierno nacional redistribuyó la riqueza pero no contempló que ello iba a traer más demandas sociales. Es decir, los cambios han sido positivos pero no los suficientes.
Arrechos si los noto porque el chavismo se hizo de una verborragia patriotera que no corresponde con sus avances actuales. Entonces la estridencia y la falta de autocrítica desesperan a cualquiera.
¿Te fue fácil instalarte en Argentina o te costó más que en Venezuela?
-La vida del que migra es difícil de por sí. El desarraigo es algo terrible. No se lo deseo a nadie. Sin embargo la coyuntura política en Argentina pareciera más estable. Las reglas están un poco más claras. Su legislación es bastante generosa con el migrante pero falta mucho en el tema de la integración.
¿Te persigue la xenofobia por el continente? ¿Es exclusiva con los colombianos?
-Los colombianos somos doblemente discriminados, eso es una realidad. Aquí y en la conchinchina. Es un karma que prefiero que ignores. Cuando llevas un currículo, cuando solicitas un alquiler. ¿Por qué? porque más allá de la estigmatización histórica, uno se muda, pero tu historia personal, tu cultura, se va contigo, te persigue.
Los primeros casos de sicariato en Argentina los protagonizaron colombianos. Y en modalidades y formas de asesinato que acá nunca se han visto. Ahora casi que monopolizan las bandas de apartamenteros, pinchacarros (un modo de atraco y timos en las rutas) y demás.
También llegaron los prestamistas, los pagadiarios que les llaman. Un particular que te presta a tasas muy elevadas pero te garantiza liquidez inmediata. Viven de los intereses que se generan y las tácticas para presionar posteriormente por los cobros son de bastante intimidatorias. Sólo por nombrar algunas cosas que son incipientes pero yo ya sé como termina ese cuento.
Por supuesto que todo esto es incrementado por los medios, pero no es simple coincidencia que seamos siempre los colombianos los aventajados en el ingenio del mal. Algo ha fallado en nuestro sistema de valores republicano que nos encontramos expuestos ante el mundo. Marica el último. Payaya puesta papaya partida. No dar papaya; son mandamientos que te impone la sociedad colombiana.
Entonces hasta uno mismo termina huyendo de los mismos compatriotas, termina uno triplemente exiliado e incluso siendo reflector de esa discriminación, de esa estigmatización.
En líneas generales, los colombianos saben poco o nada de Venezuela… hasta que apareció el Comandante Chávez. A pesar de la extensa frontera que se comparte, el desconocimiento es lo que reina en los centros urbanos de la Colombia profunda. Dicho de otra manera, Colombia y Venezuela son siameses pero que se dan la espalda.
¿Cómo ven a los venezolanos en Colombia?
-Por lo menos en los últimos 50 años no ha habido tal encuentro de los pueblos. Las relaciones son como si se tratara de transfusiones de sangre. No me refiero a los llanos compartidos o la Guajira, allí no hay encuentro, allí hay una unidad consolidada que ha sido divida ficticiamente. (Aún así, se puede notar la diferencia entre las administraciones, como en el caso de los wayuus, que se mueren de hambre y de sed del lado de Colombia).
Con la revelación Chávez como figura internacional, Venezuela irrumpió en nuestro imaginario como en un país malvado, torpe o bruto.
En los medios el ataque es diario, incesante. Es una política editorial muy clara y tajante. Entonces nadie habla de Guaco o de los grandes ligas. El venezolano es una caricatura distorsionada. La imagen que tienen los colombianos en lo interno de los venezolanos, me duele confesar, en bastante peyorativa.
No obtstante, en vez de reclamar a su propio gobierno, le reclaman a Maduro. Al inepto, al bruto, y no a quién permitió que tales males se originaran. Prácticamente les estamos pidiendo que se dejen chulear. El alcalde de Cúcuta invoca la solidaridad bolivariana pero el 80% de la cuidad vive del contrabando. Es un despropósito.
¿Está siendo despiadado el gobierno venezolano deportando a tus compatriotas? ¿Es diferente en Colombia?
-Eso de las deportaciones el gobierno de Colombia lo tiene bien aceitado y son bastante estrictos. No se niega la entrada a nadie, pero son 90 días los que tú puedes estar y cuando los cumples debes pagar una renovación, que depende exclusivamente de ellos y normalmente son bastante estrictos.
Colombia tiene una demagogia con eso, porque no le niegan la entrada a nadie, pero a los 90 días te tienes que ir y son implacables. Si no te vas, debes pagar una multa y si la incurres tres veces, te deportan. El sistema es bastante sencillo, pero bastante puntual.
¿La revolución Bolivariana ha roto la "hermosa relación entre ambos países" como dicen en la prensa?
-Nunca hubo tal relación armoniosa. A la pseudo-burguesía venezolana le convenía la migración para encontrar mano de obra barata, para que se realizarán los trabajos que nadie quería tomar. Porque se suponía que el pueblo estaba contento con las dádivas del petróleo.
Yo recuerdo que cuando era chico, mi madre trabajaba de conserje en un edificio en Bello Monte. En diciembre los propietarios tiraban electrodomésticos y muebles casi nuevos a la calle, y así cada año hasta el Caracazo. Nunca vi tal cosa en mi país.
Y a Colombia siempre le convino la dependencia de Venezuela a su aparato productivo. De resto, nunca hubo políticas de integración real. Por lo tanto siempre hubo tensión, solo que se reconoce como tal ahora, con la llegada de la revolución que azuza las esperanzas de un futuro mejor y habla del proyecto bolivariano con valentía.
¿Son nuevos los cuentos de la frontera sobre la gasolina, la comida y las divisas?
-Mira, viajar de Colombia a Venezuela o viceversa era un infierno. Lo recuerdo claramente. Decenas de puestos de control y cada uno te trataba peor que el otro. La gente lloraba en los buses. Un viaje que dura normalmente 16 horas, de Barranquilla a Caracas, podía extenderse a 24. No era la mejor bienvenida.
Una vez en Caracas las requisas eran constantes y te pedían la cédula en todos lados. Los viernes de quincena la subida al barrio era carnaval dantesco. La policía colocaba un puesto de control y hacia bajar a todos. Buscaban colombianos indocumentados para poder extorsionarlos.
La gente acostumbrada ya, separaba parte del dinero. Una especie de tarifa, pues lo peor que te podía pasar era que te requisaran y se llevaran todo tu dinero.
Estas vivencias por supuestos traen roces como podrás imaginar. Roces que te quedan impregnados ¿entiendes? Siembran resentimientos.
Pero por qué prefería la gente ésto, pues porque en Venezuela había trabajo, la posibilidad real de conseguir dinero y mandarle a una remesa su familia.
Una de las entradas principales de la renta nacional es el envío de remesas. Colombia se acostumbró a traficar con el dolor de sus migrantes. ¡Es un negocio!
Lo de los pimperos siempre fue común, junto con la especulación en el cambio de la divisa. Como en toda frontera. Y Cúcuta siempre vivió del contrabando pero nada como ahora.
El paramilitarismo es la forma como se le conoce ahora. Pero en realidad estamos hablando de una cultura mafiosa que tiene mucha raigambre en buena parte de la cultura popular colombiana.
¿Qué cosa cambió?
-A los colombianos se les legalizó con la revolución en su mayoría. Cesó la persecución y en buena parte la xenofobia.
Es curioso pero Colombia ha ganado todo el dinero que no ganó jamás en la historia de su comercio con Venezuela.
Pasa que la oligarquía colombiana entiende que es una ganancia transitoria. Si Venezuela se emancipa, se acaba la gallina de los huevos de oro. A su vez, a lo interno, Uribe aprovechó su estadía en el ejecutivo para afianzar a los paramilitares, la mano negra, como un verdadero ejército irregular.
Esto fue acompañado de un tejido social que hilvanó la Seguridad Democrática en Colombia con los valores fascistas.
Los desplazados, esta vez causa directa del accionar paramilitar, fue la excusa y el vehículo perfecto para sabotear la seguridad social en Venezuela y a la vez, el conducto ideal para infiltrar a los mismos paramilitares.
Llegó entonces a Venezuela la vacuna, la extorsión, la seguridad privada, los pagadiarios, los sicarios, el regenteo de la prostitución a gran escala. Y con ello traen un compendio de valores que sostienen y patrocinan la cultura paramilitar. Las novelas, la música, la vestimenta, las creencias etc.
¿Qué modificó el panorama ahora?
-Ah bueno!!! Ahora te mataron y torturaron a un diputado de la Asamblea Nacional en las narices. Que te balean soldados en la frontera, que planean atentados y magnicidios, que organizan el contrabando a gran escala…
El director de la película “Ciudad de Dios”, alguna vez comentó que una película como esa jamás se podría filmar en Caracas, puesto que en cada cuadra de los barrios afectados hay un pran distinto. Pues eso está cambiando. El paramilitarismo está controlando zonas de considerable tamaño, algunas muy sensibles para la seguridad nacional. Los paracos están homogenizando el mando y afilando un sistema de control y acción a través de sus empresas delictivas.
Pollo, ¿Te parece agresivo, irracional o xenofóbico el accionar del gobierno venezolano en la frontera Táchira-Cúcuta?
-Quiero ser claro en esto, aunque me duela un montón. Como colombiano que ha migrado a Venezuela y ahora a la Argentina, estoy más que de acuerdo. Considero que el país que me dio realmente asilo y refugio, que me devolvió una vida, está por perderse en las garras del imperio que actúa a través de Colombia.
Yo no estoy dispuesto a callarme más las críticas contra la negligencia crónica del chavismo en éste y otros temas ¡Total quien mierda es uno! Pero me atemoriza de sobre manera la situación. Venezuela está contra las cuerdas y los problemas más urgentes y principales tienen que ver con su relación con Colombia. Contrabando, divisas, especulación, bachaqueo, saboteo, infiltración etc.
Venezuela cuenta con 30 millones de habitantes y 4-5 millones de ellos son colombianos. A este ritmo no habrá tal integración, sino que un país se devorará al otro. Y allí es donde coincido con las más profundas y respetuosas manifestaciones de nacionalismo venezolano.
El combate tiene que ser contra la delincuencia en general y velar porque todo sea acorde a la ley. Asegurar y presionar para sea una medida realmente transitoria ¡A la migración no la para nadie! Pero debe realizarse con planificación y mejores controles. Hay que sanear las instituciones involucradas en el fenómeno pero esto lleva tiempo ¡Viejo man!
Por otra parte a esas personas en el Táchira se le indicó hace años que estaba ocupando de manera ilegal esos terrenos, que debían regularizarse lo antes posible… y no lo hicieron.
¿Por qué? Con lo fácil que es legalizarse en Venezuela
-Pues no, resulta que esos predios se prestaban para la proliferación del delito. Entonces, ¡Ojo pela’o! Ahora las fotos causan sensación.
Pero el mismo amarillismo, hace tan solo unos meses, hacía extensos reportajes sobre drogas, prostitución y delincuencia en esa misma zona. ¡Hipócritas!
Tal vez justos paguen por pecadores como dicen, pero el principio democrático prevé que el bien común no puede estar supeditado a una minoría que afecta o actúa por encima de las mayorías.
Además creo que se pierde de vista, que el migrante, decente, que tiene ganas de salir adelante, está de acuerdo con que se resuelva tal situación. Él es el principal afectado, el que se queda entre fuego cruzado y también hacen parte de esa mayoría. Son 4 millones y tantos que se ven afectados por unos miles.
En todo caso es el derecho soberano de un país de preservarse y controlar su frontera. Aunque el romanticismo nos hiera. Inclusive me parece honesto que Venezuela reconozca que no está en las mismas condiciones de atender tal éxodo. Imagina que Venezuela colapsé. Entonces tendrás dos países sumergidos en el caos. Hay que ser muy responsable con la proyección y con el alcance real de nuestros ideales. No pueden prometer cosas que después no se podrán cumplir.
Colombia debe hacerse cargo de una vez por toda de su tragedia nacional, no exportarla más y afrontarla.
Yo, en lo particular estoy cansado de huir psíquicamente, de que Colombia no se haga cargo, por lo menos moralmente, institucionalmente ¿Sabes?
Gran parte de mis amigos y familiares nunca han visto mi proceso como caso de desplazamiento forzado. Es como si estuvieran de alguna manera agradecidos con el destino porque entienden que en el extranjero me alberga un futuro mejor! ¡Una locura! Pues no fue mi decisión.
¿Qué hacer con la xenobia?
-No negarla, asumirla, nombrarla, afrontarla con sinceridad. Colombianos radicados y venezolanos tienen que saber dónde están parados. La discriminación aún existe pero es un fenómeno social, no es una política pública.
Me parece demasiado injusto que la patria que albergó a 4 millones de nuestros compatriotas ahora sea juzgada de xenófoba por defender el interés nacional.
Falta, como dije, planes de integración real, no puedes dejar que 4 millones de persona se instalen en tu territorio y dejar que se integren a la buena de dios.
En tu experiencia ¿Cuál es el impacto del paramilitarismo en Colombia?
-El paramilitarismo ha logrado introducirse en las altas esferas del poder, en el Congreso, en el Ejecutivo, en las Fuerzas Armadas Colombianas, en las empresas privadas, etc.
El paramilitarismo nos ha dejado ofrendas del oprobio para la posteridad. Como 3.000 fosas comunes, 5 millones de desplazados. Junto México y Honduras es el país donde más se asesinan periodistas, atrás vienen los sindicalistas, robo de elecciones, asesinatos selectivos.
El catálogo de crímenes es espelúznate, pero además, heredamos una sociedad enferma y negacionista. Utiliza nuestra juventud, desempleada y sin expectativas, como carne de cañón para una guerra que representa cuantitativas ganancias para la clase dominante y los intereses foráneos.
Colombia funciona como una especie de laboratorio del terror y el paramilitarismo es la serie moderna que ahora se transforma en Bacrim’s.
Pero el paramilitarismo también es un monstruo abstracto que sirve para expiar nuestras culpas. Eso debe ser dado vuelta.
¡El paramilitarismo no se infiltró! ¡Al paramilitarismo lo infiltraron! Tanto así que ya es como preguntarse quién fue primero, si el huevo o la gallina.
En resumidas, es una de la novedosas formas que encontró la oligarquia colombiana para gobernar. Por eso se habla de un Estado-narco-parmilitar. ¿Difícil de digerir, no?
Pollo, ¿Volverás a dónde naciste?
-Oiga viejo man, no depende de mí. Depende de quienes me hostigan. Yo voy a Colombia de vacaciones pero al pasar un tiempo me vuelven a llamar para amenazarme. Es decir, eso está intacto. Veo una luz en túnel con los Diálogos en la Habana pero habrá que esperar que la sociedad colombiana acompañe al compás el proceso y haga la paz consigo misma.
Referencias:
1.-Asesinato de Alfredo Correa fue una “tenebrosa alianza criminal entre el DAS y las AUC”: http://www.elheraldo.co/local/asesinato-de-alfredo-correa-fue-una-tenebrosa-alianza-criminal-entre-el-das-y-las-auc-24765.
2.-Se cumple una década del asesinato de Alfredo Correa de Andréis: http://www.elheraldo.co/local/se-cumple-una-decada-del-asesinato-de-alfredo-correa-de-andreis-166722.
Fuente: ernestojnavarro.blogspot.com
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Una mañana larga de 2005, Carlos Echeverri desembarcó en Caracas. Con 21 años ya cargaba en el morral el peso de ser un desplazado. Uno de los millones que corren para salvar su vida de la violencia secular que estigmatiza a la Colombia de Gaitán.
Él, no escogió venir a Venezuela porque el cambio de monedas le fuese a representar más dinero. Una cadena de amenazas de grupos paramilitares le marcaron la opción del exilio forzado para preservarse con vida.
Así que con la respiración en vilo dejó atrás su vida, la que conocía.
Vivía en ese pandemonium del sabor llamado Barranquilla. De niño padecía de la garganta por eso sus vecinos barranquilleros, que en opinión del escritor David Sánchez Juliao (El viejo Deivi) tienen una gran capacidad “para castigar con el verbo a la otra gente”, lo bautizaron como “Pollo Ronco”. Pero cuando creció la ronquera se esfumó y sólo quedó el Pollo.
El Pollo Echeverri estudiaba música en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, además se coleaba en la cátedra de sociología y –como él mismo dice- militaba de chévere en el Partido Comunista. Pero nada para resaltar.
El 17 de septiembre de 2004 será el día que, sin desearlo, marcó la vida de “El Pollo”. Es la fecha en la que un complot entre funcionarios del desaparecido DAS y las Autodefendas Unidas de Colombia (AUC) derivó en el asesinato del “bacán ilustre”, Alfredo Correa de Andréis (1).
6 años estuvo como “refugiado” no oficial en la Venezuela Bolivariana. Ahora emprendió ruta a un nuevo destino y como por estos días se habla de colombianos, deportaciones, paramilitares, desplazados y fronteras, compartimos con ustedes su experiencia personal y pasional.
¿Qué tiene que ver el asesinato de Alfredo Correa de Andréis en tu vida?
-Él escribía un libro que se llamó "La pérdida de la personalidad jurídica en los desplazados" ¡Fíjate tú! En eso la Seguridad Democrática del Dr. Álvaro Uribe lo sindicó de guerrillero y le montaron un expediente. Fue preso y a los dos meses lo mató un sicario a sangre fría, en plena calle, junto a su escolta. Alfredo le grito ‘no me mates, loco’.(2).
Fue así fue como varios de sus colaboradores tuvimos que huir ante el inminente peligro. Entre ellos, Pedro Carvajalino, el flamante conductor de Zurda Konducta, y Miguel Ángel Rojas, por quienes conocí a ese mítico personaje.
Yo les seguí a Bogotá pues lo paramilitares no dejaban de llamar a mi casa para que revelara el paradero de ellos. Sabían todo yo lo que hacía, me seguían y las amenazas no se hicieron esperar.
En Bogotá la situación no mejoró, pero en realidad partimos hacía Venezuela agobiados por las penurias que afectan a cualquier migrante económico. En Bogotá, como en Barranquilla, como en toda Colombia, no hay trabajo, esa es la verdad. Así que nos parecía una decisión natural.
Adicionalmente nos sentíamos atraídos por el sueño bolivariano encarnado por el Comandante Chávez.
En mi caso particular ya conocía Venezuela. Desde chico viajaba frecuentemente hacía allá. Mi madre, colombiana, limpió pisos en Caracas durante 30 años. Y yo, hasta tenía asuntos pendientes allá con una chica y tal...jeje.
* * * * *
Los primeros años fueron muy rudos. El Pollo comía todo lo que podía durante el día, gracias a un carnet de La Universidad Bolivariana de Venezuela que un pana se lo prestó caleta. En las noches pasaba hambre.
Pero siempre ha sido un tipo entrador y con una labia que asombra. Consiguió trabajo Fundarte como sistematizador de las experiencias de los promotores culturales del Distrito Capital. Poco después, Miguel Ángel Rojas ofreció chamba como asistente de producción para "El Urbanauta", en Avila tv.
Allí saltó a la palestra pública, pero también fue así de sopetón. Un día a alguien del canal le pidió que fuera a cubrir una marcha de la oposición. Yo me le mido, dijo El Pollo. Fue, y con tan solo re-preguntar, me lucí, contaría después.
En ÁvilaTv hizo "Pelúos con Curita", "Cara de Vidrio" y "Caracas En Directo". Pasó por las radios YVKE Mundial, Radio Nacional de Venezuela y hasta La Radio del Sur.
¿Sentiste xenofobia en Venezuela?
-Sí, por supuesto. Al billete se le denomina caliche para decir que es falso, el caliche mismo es un gentilicio bastante usado para referirse a los colombianos. Otra, colombiano que no la hace a la entrada la hace a la salida, esas son tan solo algunas cosas que recuerdo al voleo y que me trastocaron.
Sin embargo, pude insertarme socialmente con éxito. Las personas que más admiro, intelectual y sentimentalmente hablando, están en Venezuela.
Por haberme brindado estudio, trabajo y salud, voy a estar eternamente agradecido con el pueblo de Venezuela y específicamente con la Revolución Bolivariana.
Pero también conozco grandes zonas liberadas donde los colombianos no lograron integrarse. Por ejemplo, en Petare. Porque una cosa es la inclusión, que tengas los mismos derechos, algo que en sí es bien recién, y otra es la integración.
¿Por qué te fuiste de Venezuela?
-Yo tenía trabajo, salud, y educación garantizada, como bien he dicho, pero me cansé de no poder ejercer y gozar de esos derechos. Ganar un sueldo digno y no poder disfrutarlo a plenitud; obtener buenos servicios y recreación, y sin que te coma la inflación. Es una paradoja que el chavismo tiene que resolver rápidamente.
En definitiva, fueron varias las razones de mi partida, algunas de índole personal, otras de orden profesional, pero la gota que rebozo mi copa fue el tema de la inseguridad. Sin la vida no hay nada. ¿En Colombia te mata el Estado, en Venezuela el hampa? ¡no es negocio! Ahora estoy en Argentina.
Pollo ¿Qué pasa con la migración venezolana en Argentina?
-Acá me encuentro con muchos venezolanos. No paran de llegar, hay un éxodo de venezolanos, eso también hay que decirlo. Muchos de ellos son chavistas. Pero no los siento contrariados, ni derrotados. Creo que es porque entienden que los cambios han sido positivos.
El gobierno nacional redistribuyó la riqueza pero no contempló que ello iba a traer más demandas sociales. Es decir, los cambios han sido positivos pero no los suficientes.
Arrechos si los noto porque el chavismo se hizo de una verborragia patriotera que no corresponde con sus avances actuales. Entonces la estridencia y la falta de autocrítica desesperan a cualquiera.
¿Te fue fácil instalarte en Argentina o te costó más que en Venezuela?
-La vida del que migra es difícil de por sí. El desarraigo es algo terrible. No se lo deseo a nadie. Sin embargo la coyuntura política en Argentina pareciera más estable. Las reglas están un poco más claras. Su legislación es bastante generosa con el migrante pero falta mucho en el tema de la integración.
¿Te persigue la xenofobia por el continente? ¿Es exclusiva con los colombianos?
-Los colombianos somos doblemente discriminados, eso es una realidad. Aquí y en la conchinchina. Es un karma que prefiero que ignores. Cuando llevas un currículo, cuando solicitas un alquiler. ¿Por qué? porque más allá de la estigmatización histórica, uno se muda, pero tu historia personal, tu cultura, se va contigo, te persigue.
Los primeros casos de sicariato en Argentina los protagonizaron colombianos. Y en modalidades y formas de asesinato que acá nunca se han visto. Ahora casi que monopolizan las bandas de apartamenteros, pinchacarros (un modo de atraco y timos en las rutas) y demás.
También llegaron los prestamistas, los pagadiarios que les llaman. Un particular que te presta a tasas muy elevadas pero te garantiza liquidez inmediata. Viven de los intereses que se generan y las tácticas para presionar posteriormente por los cobros son de bastante intimidatorias. Sólo por nombrar algunas cosas que son incipientes pero yo ya sé como termina ese cuento.
Por supuesto que todo esto es incrementado por los medios, pero no es simple coincidencia que seamos siempre los colombianos los aventajados en el ingenio del mal. Algo ha fallado en nuestro sistema de valores republicano que nos encontramos expuestos ante el mundo. Marica el último. Payaya puesta papaya partida. No dar papaya; son mandamientos que te impone la sociedad colombiana.
Entonces hasta uno mismo termina huyendo de los mismos compatriotas, termina uno triplemente exiliado e incluso siendo reflector de esa discriminación, de esa estigmatización.
En líneas generales, los colombianos saben poco o nada de Venezuela… hasta que apareció el Comandante Chávez. A pesar de la extensa frontera que se comparte, el desconocimiento es lo que reina en los centros urbanos de la Colombia profunda. Dicho de otra manera, Colombia y Venezuela son siameses pero que se dan la espalda.
¿Cómo ven a los venezolanos en Colombia?
-Por lo menos en los últimos 50 años no ha habido tal encuentro de los pueblos. Las relaciones son como si se tratara de transfusiones de sangre. No me refiero a los llanos compartidos o la Guajira, allí no hay encuentro, allí hay una unidad consolidada que ha sido divida ficticiamente. (Aún así, se puede notar la diferencia entre las administraciones, como en el caso de los wayuus, que se mueren de hambre y de sed del lado de Colombia).
Con la revelación Chávez como figura internacional, Venezuela irrumpió en nuestro imaginario como en un país malvado, torpe o bruto.
En los medios el ataque es diario, incesante. Es una política editorial muy clara y tajante. Entonces nadie habla de Guaco o de los grandes ligas. El venezolano es una caricatura distorsionada. La imagen que tienen los colombianos en lo interno de los venezolanos, me duele confesar, en bastante peyorativa.
No obtstante, en vez de reclamar a su propio gobierno, le reclaman a Maduro. Al inepto, al bruto, y no a quién permitió que tales males se originaran. Prácticamente les estamos pidiendo que se dejen chulear. El alcalde de Cúcuta invoca la solidaridad bolivariana pero el 80% de la cuidad vive del contrabando. Es un despropósito.
¿Está siendo despiadado el gobierno venezolano deportando a tus compatriotas? ¿Es diferente en Colombia?
-Eso de las deportaciones el gobierno de Colombia lo tiene bien aceitado y son bastante estrictos. No se niega la entrada a nadie, pero son 90 días los que tú puedes estar y cuando los cumples debes pagar una renovación, que depende exclusivamente de ellos y normalmente son bastante estrictos.
Colombia tiene una demagogia con eso, porque no le niegan la entrada a nadie, pero a los 90 días te tienes que ir y son implacables. Si no te vas, debes pagar una multa y si la incurres tres veces, te deportan. El sistema es bastante sencillo, pero bastante puntual.
¿La revolución Bolivariana ha roto la "hermosa relación entre ambos países" como dicen en la prensa?
-Nunca hubo tal relación armoniosa. A la pseudo-burguesía venezolana le convenía la migración para encontrar mano de obra barata, para que se realizarán los trabajos que nadie quería tomar. Porque se suponía que el pueblo estaba contento con las dádivas del petróleo.
Yo recuerdo que cuando era chico, mi madre trabajaba de conserje en un edificio en Bello Monte. En diciembre los propietarios tiraban electrodomésticos y muebles casi nuevos a la calle, y así cada año hasta el Caracazo. Nunca vi tal cosa en mi país.
Y a Colombia siempre le convino la dependencia de Venezuela a su aparato productivo. De resto, nunca hubo políticas de integración real. Por lo tanto siempre hubo tensión, solo que se reconoce como tal ahora, con la llegada de la revolución que azuza las esperanzas de un futuro mejor y habla del proyecto bolivariano con valentía.
¿Son nuevos los cuentos de la frontera sobre la gasolina, la comida y las divisas?
-Mira, viajar de Colombia a Venezuela o viceversa era un infierno. Lo recuerdo claramente. Decenas de puestos de control y cada uno te trataba peor que el otro. La gente lloraba en los buses. Un viaje que dura normalmente 16 horas, de Barranquilla a Caracas, podía extenderse a 24. No era la mejor bienvenida.
Una vez en Caracas las requisas eran constantes y te pedían la cédula en todos lados. Los viernes de quincena la subida al barrio era carnaval dantesco. La policía colocaba un puesto de control y hacia bajar a todos. Buscaban colombianos indocumentados para poder extorsionarlos.
La gente acostumbrada ya, separaba parte del dinero. Una especie de tarifa, pues lo peor que te podía pasar era que te requisaran y se llevaran todo tu dinero.
Estas vivencias por supuestos traen roces como podrás imaginar. Roces que te quedan impregnados ¿entiendes? Siembran resentimientos.
Pero por qué prefería la gente ésto, pues porque en Venezuela había trabajo, la posibilidad real de conseguir dinero y mandarle a una remesa su familia.
Una de las entradas principales de la renta nacional es el envío de remesas. Colombia se acostumbró a traficar con el dolor de sus migrantes. ¡Es un negocio!
Lo de los pimperos siempre fue común, junto con la especulación en el cambio de la divisa. Como en toda frontera. Y Cúcuta siempre vivió del contrabando pero nada como ahora.
El paramilitarismo es la forma como se le conoce ahora. Pero en realidad estamos hablando de una cultura mafiosa que tiene mucha raigambre en buena parte de la cultura popular colombiana.
¿Qué cosa cambió?
-A los colombianos se les legalizó con la revolución en su mayoría. Cesó la persecución y en buena parte la xenofobia.
Es curioso pero Colombia ha ganado todo el dinero que no ganó jamás en la historia de su comercio con Venezuela.
Pasa que la oligarquía colombiana entiende que es una ganancia transitoria. Si Venezuela se emancipa, se acaba la gallina de los huevos de oro. A su vez, a lo interno, Uribe aprovechó su estadía en el ejecutivo para afianzar a los paramilitares, la mano negra, como un verdadero ejército irregular.
Esto fue acompañado de un tejido social que hilvanó la Seguridad Democrática en Colombia con los valores fascistas.
Los desplazados, esta vez causa directa del accionar paramilitar, fue la excusa y el vehículo perfecto para sabotear la seguridad social en Venezuela y a la vez, el conducto ideal para infiltrar a los mismos paramilitares.
Llegó entonces a Venezuela la vacuna, la extorsión, la seguridad privada, los pagadiarios, los sicarios, el regenteo de la prostitución a gran escala. Y con ello traen un compendio de valores que sostienen y patrocinan la cultura paramilitar. Las novelas, la música, la vestimenta, las creencias etc.
¿Qué modificó el panorama ahora?
-Ah bueno!!! Ahora te mataron y torturaron a un diputado de la Asamblea Nacional en las narices. Que te balean soldados en la frontera, que planean atentados y magnicidios, que organizan el contrabando a gran escala…
El director de la película “Ciudad de Dios”, alguna vez comentó que una película como esa jamás se podría filmar en Caracas, puesto que en cada cuadra de los barrios afectados hay un pran distinto. Pues eso está cambiando. El paramilitarismo está controlando zonas de considerable tamaño, algunas muy sensibles para la seguridad nacional. Los paracos están homogenizando el mando y afilando un sistema de control y acción a través de sus empresas delictivas.
Pollo, ¿Te parece agresivo, irracional o xenofóbico el accionar del gobierno venezolano en la frontera Táchira-Cúcuta?
-Quiero ser claro en esto, aunque me duela un montón. Como colombiano que ha migrado a Venezuela y ahora a la Argentina, estoy más que de acuerdo. Considero que el país que me dio realmente asilo y refugio, que me devolvió una vida, está por perderse en las garras del imperio que actúa a través de Colombia.
Yo no estoy dispuesto a callarme más las críticas contra la negligencia crónica del chavismo en éste y otros temas ¡Total quien mierda es uno! Pero me atemoriza de sobre manera la situación. Venezuela está contra las cuerdas y los problemas más urgentes y principales tienen que ver con su relación con Colombia. Contrabando, divisas, especulación, bachaqueo, saboteo, infiltración etc.
Venezuela cuenta con 30 millones de habitantes y 4-5 millones de ellos son colombianos. A este ritmo no habrá tal integración, sino que un país se devorará al otro. Y allí es donde coincido con las más profundas y respetuosas manifestaciones de nacionalismo venezolano.
El combate tiene que ser contra la delincuencia en general y velar porque todo sea acorde a la ley. Asegurar y presionar para sea una medida realmente transitoria ¡A la migración no la para nadie! Pero debe realizarse con planificación y mejores controles. Hay que sanear las instituciones involucradas en el fenómeno pero esto lleva tiempo ¡Viejo man!
Por otra parte a esas personas en el Táchira se le indicó hace años que estaba ocupando de manera ilegal esos terrenos, que debían regularizarse lo antes posible… y no lo hicieron.
¿Por qué? Con lo fácil que es legalizarse en Venezuela
-Pues no, resulta que esos predios se prestaban para la proliferación del delito. Entonces, ¡Ojo pela’o! Ahora las fotos causan sensación.
Pero el mismo amarillismo, hace tan solo unos meses, hacía extensos reportajes sobre drogas, prostitución y delincuencia en esa misma zona. ¡Hipócritas!
Tal vez justos paguen por pecadores como dicen, pero el principio democrático prevé que el bien común no puede estar supeditado a una minoría que afecta o actúa por encima de las mayorías.
Además creo que se pierde de vista, que el migrante, decente, que tiene ganas de salir adelante, está de acuerdo con que se resuelva tal situación. Él es el principal afectado, el que se queda entre fuego cruzado y también hacen parte de esa mayoría. Son 4 millones y tantos que se ven afectados por unos miles.
En todo caso es el derecho soberano de un país de preservarse y controlar su frontera. Aunque el romanticismo nos hiera. Inclusive me parece honesto que Venezuela reconozca que no está en las mismas condiciones de atender tal éxodo. Imagina que Venezuela colapsé. Entonces tendrás dos países sumergidos en el caos. Hay que ser muy responsable con la proyección y con el alcance real de nuestros ideales. No pueden prometer cosas que después no se podrán cumplir.
Colombia debe hacerse cargo de una vez por toda de su tragedia nacional, no exportarla más y afrontarla.
Yo, en lo particular estoy cansado de huir psíquicamente, de que Colombia no se haga cargo, por lo menos moralmente, institucionalmente ¿Sabes?
Gran parte de mis amigos y familiares nunca han visto mi proceso como caso de desplazamiento forzado. Es como si estuvieran de alguna manera agradecidos con el destino porque entienden que en el extranjero me alberga un futuro mejor! ¡Una locura! Pues no fue mi decisión.
¿Qué hacer con la xenobia?
-No negarla, asumirla, nombrarla, afrontarla con sinceridad. Colombianos radicados y venezolanos tienen que saber dónde están parados. La discriminación aún existe pero es un fenómeno social, no es una política pública.
Me parece demasiado injusto que la patria que albergó a 4 millones de nuestros compatriotas ahora sea juzgada de xenófoba por defender el interés nacional.
Falta, como dije, planes de integración real, no puedes dejar que 4 millones de persona se instalen en tu territorio y dejar que se integren a la buena de dios.
En tu experiencia ¿Cuál es el impacto del paramilitarismo en Colombia?
-El paramilitarismo ha logrado introducirse en las altas esferas del poder, en el Congreso, en el Ejecutivo, en las Fuerzas Armadas Colombianas, en las empresas privadas, etc.
El paramilitarismo nos ha dejado ofrendas del oprobio para la posteridad. Como 3.000 fosas comunes, 5 millones de desplazados. Junto México y Honduras es el país donde más se asesinan periodistas, atrás vienen los sindicalistas, robo de elecciones, asesinatos selectivos.
El catálogo de crímenes es espelúznate, pero además, heredamos una sociedad enferma y negacionista. Utiliza nuestra juventud, desempleada y sin expectativas, como carne de cañón para una guerra que representa cuantitativas ganancias para la clase dominante y los intereses foráneos.
Colombia funciona como una especie de laboratorio del terror y el paramilitarismo es la serie moderna que ahora se transforma en Bacrim’s.
Pero el paramilitarismo también es un monstruo abstracto que sirve para expiar nuestras culpas. Eso debe ser dado vuelta.
¡El paramilitarismo no se infiltró! ¡Al paramilitarismo lo infiltraron! Tanto así que ya es como preguntarse quién fue primero, si el huevo o la gallina.
En resumidas, es una de la novedosas formas que encontró la oligarquia colombiana para gobernar. Por eso se habla de un Estado-narco-parmilitar. ¿Difícil de digerir, no?
Pollo, ¿Volverás a dónde naciste?
-Oiga viejo man, no depende de mí. Depende de quienes me hostigan. Yo voy a Colombia de vacaciones pero al pasar un tiempo me vuelven a llamar para amenazarme. Es decir, eso está intacto. Veo una luz en túnel con los Diálogos en la Habana pero habrá que esperar que la sociedad colombiana acompañe al compás el proceso y haga la paz consigo misma.
Referencias:
1.-Asesinato de Alfredo Correa fue una “tenebrosa alianza criminal entre el DAS y las AUC”: http://www.elheraldo.co/local/asesinato-de-alfredo-correa-fue-una-tenebrosa-alianza-criminal-entre-el-das-y-las-auc-24765.
2.-Se cumple una década del asesinato de Alfredo Correa de Andréis: http://www.elheraldo.co/local/se-cumple-una-decada-del-asesinato-de-alfredo-correa-de-andreis-166722.
Fuente: ernestojnavarro.blogspot.com
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domingo, 23 de agosto de 2015
Migración colombiana, cierre de frontera y el bigote holandés de Maduro
Estoy de acuerdo con Mario Silva en su apreciación de que el presidente Maduro ha tratado el tema de la migración de colombianos a Venezuela con la delizadeza y el tacto que merece. Previo al anuncio de la decisión de declarar el estado de excepción en cinco municipios tachirenses fronterizos con Colombia y extender el cierre de la frontera por tiempo indefinido, el presidente tocó un tema que estoy seguro la nación entera esperaba que se tocara desde hace años.
En muchas conversaciones y discusiones de calle en los últimos tres años, hemos reflexionado sobre lo que ha ocurrido en estos nuevos tiempos del proceso bolivariano post Chávez, tiempos complejos por las transformaciones y transiciones traumáticas que atraviesa el país, pero además por un conjunto de factores que hay que reconocer ampliamente al presidente. Y es que, al observar cómo se le plantó cara a la tradicional economía parasitaria del país, cómo se está enfrentando el tema de las bandas criminales y cómo se transformó en gran medida el panorama comunicacional a lo interno del país, podemos decir que a Maduro le tocó enfrentar una serie de situaciones, duras y estructurales, que durante la era de Chávez no hubo tiempo de trabajar en profundidad debido a otros factores y otras prioridades.
Como lo traté en otra oportunidad, aquí no se trata de ser buenos sino de ser justos. Y la justicia no es ni buena y mala, es justicia. Y en nuestro caso, con una economía rentista como la que hemos tenido históricamente y su nefasta capacidad para engendrar mentalidades mafiosas y consumistas, y con un país vecino que ha vivido un conflicto armado, una guerra, por más de sesenta años, la cual ha generado una diáspora de ciudadanos colombianos que no se han venido a Venezuela a hacer turismo chévere sino que han venido a refugiarse de la necesidad y del enseñoreamiento de la muerte en su país, era el momento de tomar determinaciones del caso sin ningún temor, en un contexto regional y mundial de cambio de época donde se discute la Paz de Colombia en una Cuba donde recientemente se izó la bandera yanqui. Léase, que me refiero a cambios históricos, sin consideraciones ideológicas.
A lo largo de la vida, desde épocas de infancia, uno a compartido con los hermanos y hermanas colombianos, desde la escuela, el liceo, la universidad, el vecindario y el trabajo, siempre han estado presentes en nuestra vida, y nadie duda de que nuestras mujeres son las más bellas y que así como se puede decir que el pueblo colombiano y venezolano son el mismo pueblo, también podemos decir que no hay nada tan diferente y antagónico como el Estado colombiano y su dirigencia histórica y el Estado venezolano de los últimos quince años, con su dirigencia formada al calor del proceso que lideró Chávez. Ese Estado venezolano del que hablamos es un Estado que se reconstruyó a sí mismo y lo sigue haciendo por el impulso y el legado que dejó Chávez, y si vamos un poco más allá, podemos decir sin titubeo que es ahora que Venezuela tiene un Estado, una diplomacia activa, una política exterior, una organización consciente de lo que le toca defender con todas las complejidades del caso.
Entretanto, sobre la similitud entre colombianos y venezolanos ¿Cabrá decir que somos tan lo mismo, tan parecidos como lo son uruguayos y argentinos, o tan similares como colombianos y ecuatorianos? Yo diría que somos tan iguales como latinoamericanos somos, pero también somos bastante diferentes.
Como dijo Maduro, a esa migración colombiana debe dársele el nombre que le corresponde: refugiados. Se trata de un problema humanitario de connotación internacional. Porque si no ¿Por qué el tema de la migración mexicana hacia Estados Unidos o la de los africanos hacia Europa es tan sensible internacionalmente ―tratamiento mediático mediante― y el de la masiva y permanente migración colombiana hacia Venezuela se ha tratado ―sí, estoy exagerando un tanto― como un tema de “turismo” hacia el país vecino? Las estadísticas dan cuenta de que hay en Venezuela 5 millones seiscientos mil colombianos, casi el 20% de la población del país, y que en los últimos 10 años se han venido 800 mil, ¿Se vinieron a pasar un rato en las playas de Morrocoy, o es que en su país hay una guerra de la que no se habla, que no se asume, y que ha generado calamidades internacionales como el paramilitarismo?
Yo sí creo que somos el mismo pueblo, y que el presidente Maduro ―como la gran mayoría o la totalidad de los venezolanos― está en capacidad de separar el grano de la paja, y plantear una realidad: que entre esos cientos de miles de colombianos que se han venido a nuestras tierras en busca de la vida digna que en su país no tienen garantizada, se han colado unos cuantos criminales vinculados al narcotráfico y al paramilitarismo, muchos de los cuales han sido detenidos en las OLP que se han llevado a cabo en las últimas semanas.
Venezuela es un país de inmigrantes, y si bien los modernos Estados-Nación se configuraron sobre la ficción de la homogeneidad étnica-cultural de sus habitantes, el hecho es que la nación que habita nuestro generoso país petrolero es una de las más diversas del mundo, una tierra de gracia donde confluyen variedad de religiones, cosmovisiones, tiempos y espacios históricos, y en ese mar de identidades sin melting pot ―otro mito― debe y tiene que haber un orden, un conjunto de normas comunes a todos; si no, no hay Estado y esto es una tierra anárquica, un campamento en el que cada quien y cuando le place, viene y monta su carpa.
En fin, lo menos que se les pide no solo a los colombianos, recién llegados o con toda la vida aquí, sino también a los descendientes de europeos, islas del Caribe, canarios, árabes y chinos, siéntanse venezolanos o no, es que tengan gratitud con la tierra que les abrió los brazos, una tierra que como Brasil o Argentina recibió cientos de miles de oleadas migratorias procedentes de los países "civilizados" donde se habían enseñoreado pestes y guerras. Entonces, estamos de acuerdo con la medida tomada por el presidente; y bienvenidos todos.
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En muchas conversaciones y discusiones de calle en los últimos tres años, hemos reflexionado sobre lo que ha ocurrido en estos nuevos tiempos del proceso bolivariano post Chávez, tiempos complejos por las transformaciones y transiciones traumáticas que atraviesa el país, pero además por un conjunto de factores que hay que reconocer ampliamente al presidente. Y es que, al observar cómo se le plantó cara a la tradicional economía parasitaria del país, cómo se está enfrentando el tema de las bandas criminales y cómo se transformó en gran medida el panorama comunicacional a lo interno del país, podemos decir que a Maduro le tocó enfrentar una serie de situaciones, duras y estructurales, que durante la era de Chávez no hubo tiempo de trabajar en profundidad debido a otros factores y otras prioridades.
Como lo traté en otra oportunidad, aquí no se trata de ser buenos sino de ser justos. Y la justicia no es ni buena y mala, es justicia. Y en nuestro caso, con una economía rentista como la que hemos tenido históricamente y su nefasta capacidad para engendrar mentalidades mafiosas y consumistas, y con un país vecino que ha vivido un conflicto armado, una guerra, por más de sesenta años, la cual ha generado una diáspora de ciudadanos colombianos que no se han venido a Venezuela a hacer turismo chévere sino que han venido a refugiarse de la necesidad y del enseñoreamiento de la muerte en su país, era el momento de tomar determinaciones del caso sin ningún temor, en un contexto regional y mundial de cambio de época donde se discute la Paz de Colombia en una Cuba donde recientemente se izó la bandera yanqui. Léase, que me refiero a cambios históricos, sin consideraciones ideológicas.
A lo largo de la vida, desde épocas de infancia, uno a compartido con los hermanos y hermanas colombianos, desde la escuela, el liceo, la universidad, el vecindario y el trabajo, siempre han estado presentes en nuestra vida, y nadie duda de que nuestras mujeres son las más bellas y que así como se puede decir que el pueblo colombiano y venezolano son el mismo pueblo, también podemos decir que no hay nada tan diferente y antagónico como el Estado colombiano y su dirigencia histórica y el Estado venezolano de los últimos quince años, con su dirigencia formada al calor del proceso que lideró Chávez. Ese Estado venezolano del que hablamos es un Estado que se reconstruyó a sí mismo y lo sigue haciendo por el impulso y el legado que dejó Chávez, y si vamos un poco más allá, podemos decir sin titubeo que es ahora que Venezuela tiene un Estado, una diplomacia activa, una política exterior, una organización consciente de lo que le toca defender con todas las complejidades del caso.
Entretanto, sobre la similitud entre colombianos y venezolanos ¿Cabrá decir que somos tan lo mismo, tan parecidos como lo son uruguayos y argentinos, o tan similares como colombianos y ecuatorianos? Yo diría que somos tan iguales como latinoamericanos somos, pero también somos bastante diferentes.
Como dijo Maduro, a esa migración colombiana debe dársele el nombre que le corresponde: refugiados. Se trata de un problema humanitario de connotación internacional. Porque si no ¿Por qué el tema de la migración mexicana hacia Estados Unidos o la de los africanos hacia Europa es tan sensible internacionalmente ―tratamiento mediático mediante― y el de la masiva y permanente migración colombiana hacia Venezuela se ha tratado ―sí, estoy exagerando un tanto― como un tema de “turismo” hacia el país vecino? Las estadísticas dan cuenta de que hay en Venezuela 5 millones seiscientos mil colombianos, casi el 20% de la población del país, y que en los últimos 10 años se han venido 800 mil, ¿Se vinieron a pasar un rato en las playas de Morrocoy, o es que en su país hay una guerra de la que no se habla, que no se asume, y que ha generado calamidades internacionales como el paramilitarismo?
Yo sí creo que somos el mismo pueblo, y que el presidente Maduro ―como la gran mayoría o la totalidad de los venezolanos― está en capacidad de separar el grano de la paja, y plantear una realidad: que entre esos cientos de miles de colombianos que se han venido a nuestras tierras en busca de la vida digna que en su país no tienen garantizada, se han colado unos cuantos criminales vinculados al narcotráfico y al paramilitarismo, muchos de los cuales han sido detenidos en las OLP que se han llevado a cabo en las últimas semanas.
Venezuela es un país de inmigrantes, y si bien los modernos Estados-Nación se configuraron sobre la ficción de la homogeneidad étnica-cultural de sus habitantes, el hecho es que la nación que habita nuestro generoso país petrolero es una de las más diversas del mundo, una tierra de gracia donde confluyen variedad de religiones, cosmovisiones, tiempos y espacios históricos, y en ese mar de identidades sin melting pot ―otro mito― debe y tiene que haber un orden, un conjunto de normas comunes a todos; si no, no hay Estado y esto es una tierra anárquica, un campamento en el que cada quien y cuando le place, viene y monta su carpa.
En fin, lo menos que se les pide no solo a los colombianos, recién llegados o con toda la vida aquí, sino también a los descendientes de europeos, islas del Caribe, canarios, árabes y chinos, siéntanse venezolanos o no, es que tengan gratitud con la tierra que les abrió los brazos, una tierra que como Brasil o Argentina recibió cientos de miles de oleadas migratorias procedentes de los países "civilizados" donde se habían enseñoreado pestes y guerras. Entonces, estamos de acuerdo con la medida tomada por el presidente; y bienvenidos todos.
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lunes, 17 de agosto de 2015
Margarita López Maya: Venezolanos en el mundo
Un tema en la lista de asuntos impostergables por tratar cuando comencemos una transición política será la relación del Estado con la emigración que se ha producido en las tres últimas décadas y, de manera acentuada, en los últimos años.
Estudios académicos revelan que cientos de miles de venezolanos se han desplazado hacia otros países en búsqueda de oportunidades de trabajo y condiciones de vida que aquí les han sido negadas. Esa diáspora comenzó con la crisis del modelo rentístico industrialista, una crisis que no encontró solución satisfactoria con el socialismo rentístico.
La diáspora venezolana incluye una porción significativa del talento nacional. Jóvenes bien educados suelen ser de los primeros en irse de un país aquejado por la violencia social y el deterioro de condiciones laborales. A eso hay que sumar el amedrentamiento, la represión y la persecución política recientes, cuyas víctimas -en muchos casos- han encontrado fuera reconocimientos, apoyos y ayudas que en nuestro país son inexistentes.
Construir un orden democrático capaz de resistir las embestidas de sectores retrógrados y autoritarios, que en nuestro país son poderosos, implica también convocar a nuestros expatriados, dejarles saber que las puertas del país vuelven a abrirse para recibirlos. Que ellos y sus hijos tienen derecho a la nacionalidad, sin tener que pasar un viacrucis en las salas de espera de los consulados. Que el país los quiere y necesita.
Países de América Latina que sufrieron migraciones masivas por dictaduras en el siglo pasado vienen desarrollando políticas creativas para garantizar vinculaciones con sus connacionales en el mundo. Bases de datos, que permiten una comunicación fluida y permanente; facilidades para intercambios científicos, tecnológicos, económicos, culturales y comerciales; políticas de asistencia en el exterior a quienes lo necesiten; en fin, requisitos mínimos para los nuestros, que muchas veces se vieron forzados a salir debido a las difíciles condiciones impuestas por el orden socioeconómico y político vigente.
Democracia es reconciliación y muchas veces regreso a casa. Cuando no, una relación a distancia de reconocimiento, respeto y apoyo mutuo. Apostemos por una transición democrática.
@mlopezmaya / ÚN
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Estudios académicos revelan que cientos de miles de venezolanos se han desplazado hacia otros países en búsqueda de oportunidades de trabajo y condiciones de vida que aquí les han sido negadas. Esa diáspora comenzó con la crisis del modelo rentístico industrialista, una crisis que no encontró solución satisfactoria con el socialismo rentístico.
La diáspora venezolana incluye una porción significativa del talento nacional. Jóvenes bien educados suelen ser de los primeros en irse de un país aquejado por la violencia social y el deterioro de condiciones laborales. A eso hay que sumar el amedrentamiento, la represión y la persecución política recientes, cuyas víctimas -en muchos casos- han encontrado fuera reconocimientos, apoyos y ayudas que en nuestro país son inexistentes.
Construir un orden democrático capaz de resistir las embestidas de sectores retrógrados y autoritarios, que en nuestro país son poderosos, implica también convocar a nuestros expatriados, dejarles saber que las puertas del país vuelven a abrirse para recibirlos. Que ellos y sus hijos tienen derecho a la nacionalidad, sin tener que pasar un viacrucis en las salas de espera de los consulados. Que el país los quiere y necesita.
Países de América Latina que sufrieron migraciones masivas por dictaduras en el siglo pasado vienen desarrollando políticas creativas para garantizar vinculaciones con sus connacionales en el mundo. Bases de datos, que permiten una comunicación fluida y permanente; facilidades para intercambios científicos, tecnológicos, económicos, culturales y comerciales; políticas de asistencia en el exterior a quienes lo necesiten; en fin, requisitos mínimos para los nuestros, que muchas veces se vieron forzados a salir debido a las difíciles condiciones impuestas por el orden socioeconómico y político vigente.
Democracia es reconciliación y muchas veces regreso a casa. Cuando no, una relación a distancia de reconocimiento, respeto y apoyo mutuo. Apostemos por una transición democrática.
@mlopezmaya / ÚN
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sábado, 18 de julio de 2015
Manuel E. Yepe: Hipocrecía y doble moral en las migraciones
Durante siglos, el sistema capitalista global ha expoliado a los países del mundo subdesarrollado de manera cruel. Les ha despojado de sus recursos naturales, sometido a un intercambio injusto de sus
mercancías y explotado de manera inmisericorde su mano de obra. Hoy es imposible sostener esa inicua situación por muchas razones entre las que se incluye la capacidad de emigrar que objetivamente se presenta como alternativa única de los saqueados.
Las relaciones migratorias de Estados Unidos y Latinoamérica se han caracterizado siempre por su hipocresía y su doble moral. Washington impone barreras legales a las personas obligadas a emigrar
a causa de la situación económica provocada en sus países de origen por el fenómeno del intercambio desigual.
En todo el mundo se aprecia el fenómeno de que mientras los países ricos presionan por globalizar el comercio de mercancías, obstruyen la migración de personas. Mientras abogan por el libre movimiento
internacional de las mercancías que ellos producen con mayor eficiencia tecnológica y superiores beneficios, objetan la inmigración de mano de obra que su propia economía necesita y que, a largo plazo, contribuiría a la equiparación de salarios entre países ricos y pobres.
Tras más de un siglo de saqueo impune de Latinoamérica hasta la ruina, Norteamérica se ha visto ante la opción de soportar una gigantesca marea inmigratoria o cerrar esta válvula de escape en una región
amenazada de explosiones sociales que se multiplican una tras otras. Incuestionablemente, la emigración es un importante factor de descompresión de las tensiones que derivan del desempleo y una fuente
de ingreso de dinero para los países de origen. Las transferencias de dinero fresco de los emigrantes hacia sus familiares han llegado a representar una parte significativa del producto bruto de sus países de origen y contribuyen a mejorar sus balanzas de pagos.
Pero el éxodo de trabajadores jóvenes y la dependencia económica que surge de las transferencias de dinero a sus familias en los países de origen conducen, a mediano y largo plazo a serios inconvenientes para el desarrollo económico del país emisor de migrantes.
O sea, la crisis económica suscita el éxodo y las remesas de los emigrantes atenúan durante cierto tiempo el efecto económico inmediato, pero a mediano o largo plazo la crisis se profundiza si no cambian las condiciones que la provocaron.
Las remesas de los emigrantes pueden llegar a ser base de sustentación de las economías de los países emisores, arruinados por los efectos del intercambio desigual, la deuda externa, las imposiciones de los
organismos financieros internacionales y otros males responsables de la presente depauperación económica de los países del Tercer Mundo. Las remesas familiares de sus emigrados a Estados Unidos aportan a
México cuatro veces el valor de sus exportaciones agrícolas, superan sus ingresos por concepto de turismo y representan dos tercios de sus exportaciones de petróleo.
Alrededor de la mitad de las divisas que ingresan varios países de Centroamérica provienen de sus emigrantes que trabajan en los Estados Unidos, sin incluir las remitidas por los emigrados a otros países.
Manipulación contrastante y extrema del tema migratorio ha sido la “Ley de Ajuste Cubano” emitida por Washington en 1966, para promover la emigración ilegal de cubanos al hacerlos elegibles de manera automática para recibir residencia permanente en Estados Unidos si lo soliciten en cualquier circunstancia lícita o no.
Cuando Washington amenaza con disponer una expulsión masiva de inmigrantes indocumentados u otra acción similar, algunos gobiernos latinoamericanos se ven prácticamente obligados a pedir clemencia
porque ello significaría el desplome de sus economías, incapaces de asimilar a los expulsados y prescindir de sus remesas.
En el fondo de este escenario esta la sombra de una sucesión de estallidos sociales incontrolables en los países latinoamericanos, y los efectos sociales y los conflictos étnicos, religiosos y de
competencia en el mercado laboral entre inmigrantes y nacionales, que pudieran llegar a ser fuente ellos mismos de asonadas sociales en los propios Estados Unidos.
La globalización de la economía, que se impone por sí misma inexorablemente, no ha llegado necesariamente para servir los intereses de los poderosos -como pretenden los ideólogos del neoliberalismo-, forma parte del devenir histórico que marcha hacia la conformación de un mundo mejor, único y solidario, que pasa por el desarrollo de relaciones internacionales equitativas y justas.
Julio 11 de 2015.
http://manuelyepe.wordpress.com/
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mercancías y explotado de manera inmisericorde su mano de obra. Hoy es imposible sostener esa inicua situación por muchas razones entre las que se incluye la capacidad de emigrar que objetivamente se presenta como alternativa única de los saqueados.
Las relaciones migratorias de Estados Unidos y Latinoamérica se han caracterizado siempre por su hipocresía y su doble moral. Washington impone barreras legales a las personas obligadas a emigrar
a causa de la situación económica provocada en sus países de origen por el fenómeno del intercambio desigual.
En todo el mundo se aprecia el fenómeno de que mientras los países ricos presionan por globalizar el comercio de mercancías, obstruyen la migración de personas. Mientras abogan por el libre movimiento
internacional de las mercancías que ellos producen con mayor eficiencia tecnológica y superiores beneficios, objetan la inmigración de mano de obra que su propia economía necesita y que, a largo plazo, contribuiría a la equiparación de salarios entre países ricos y pobres.
Tras más de un siglo de saqueo impune de Latinoamérica hasta la ruina, Norteamérica se ha visto ante la opción de soportar una gigantesca marea inmigratoria o cerrar esta válvula de escape en una región
amenazada de explosiones sociales que se multiplican una tras otras. Incuestionablemente, la emigración es un importante factor de descompresión de las tensiones que derivan del desempleo y una fuente
de ingreso de dinero para los países de origen. Las transferencias de dinero fresco de los emigrantes hacia sus familiares han llegado a representar una parte significativa del producto bruto de sus países de origen y contribuyen a mejorar sus balanzas de pagos.
Pero el éxodo de trabajadores jóvenes y la dependencia económica que surge de las transferencias de dinero a sus familias en los países de origen conducen, a mediano y largo plazo a serios inconvenientes para el desarrollo económico del país emisor de migrantes.
O sea, la crisis económica suscita el éxodo y las remesas de los emigrantes atenúan durante cierto tiempo el efecto económico inmediato, pero a mediano o largo plazo la crisis se profundiza si no cambian las condiciones que la provocaron.
Las remesas de los emigrantes pueden llegar a ser base de sustentación de las economías de los países emisores, arruinados por los efectos del intercambio desigual, la deuda externa, las imposiciones de los
organismos financieros internacionales y otros males responsables de la presente depauperación económica de los países del Tercer Mundo. Las remesas familiares de sus emigrados a Estados Unidos aportan a
México cuatro veces el valor de sus exportaciones agrícolas, superan sus ingresos por concepto de turismo y representan dos tercios de sus exportaciones de petróleo.
Alrededor de la mitad de las divisas que ingresan varios países de Centroamérica provienen de sus emigrantes que trabajan en los Estados Unidos, sin incluir las remitidas por los emigrados a otros países.
Manipulación contrastante y extrema del tema migratorio ha sido la “Ley de Ajuste Cubano” emitida por Washington en 1966, para promover la emigración ilegal de cubanos al hacerlos elegibles de manera automática para recibir residencia permanente en Estados Unidos si lo soliciten en cualquier circunstancia lícita o no.
Cuando Washington amenaza con disponer una expulsión masiva de inmigrantes indocumentados u otra acción similar, algunos gobiernos latinoamericanos se ven prácticamente obligados a pedir clemencia
porque ello significaría el desplome de sus economías, incapaces de asimilar a los expulsados y prescindir de sus remesas.
En el fondo de este escenario esta la sombra de una sucesión de estallidos sociales incontrolables en los países latinoamericanos, y los efectos sociales y los conflictos étnicos, religiosos y de
competencia en el mercado laboral entre inmigrantes y nacionales, que pudieran llegar a ser fuente ellos mismos de asonadas sociales en los propios Estados Unidos.
La globalización de la economía, que se impone por sí misma inexorablemente, no ha llegado necesariamente para servir los intereses de los poderosos -como pretenden los ideólogos del neoliberalismo-, forma parte del devenir histórico que marcha hacia la conformación de un mundo mejor, único y solidario, que pasa por el desarrollo de relaciones internacionales equitativas y justas.
Julio 11 de 2015.
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