“En Estados Unidos, muchos museos, monumentos y sitios históricos dedicados a la esclavitud se han convertido en focos de diálogo nacional sobre temas de raza y desigualdad. Cuba debía ser parte de estos intercambios porque la esclavitud cubana y el comercio ilegal de esclavos contribuyeron a la creación de Estados Unidos”.
Tal es la propuesta del historiador Stephen Chambers, autor del libro "No fue Dios sino la ganancia: la historia jamás contada de la esclavitud cubana, la doctrina Monroe y el surgimiento de los Estados Unidos (No God But Gain: The Untold Story of Cuban Slavery, the Monroe Doctrine, and the Making of the United States". (Verso, September 8, 2015).
En la joven república, los líderes estadounidenses, desde Thomas Jefferson hasta John Quincy Adams, velaron tenazmente por proteger la existencia de la esclavitud. Hicieron de ella y del comercio prohibido de esclavos una base para el desarrollo nacional y la expansión. Esto preparó el terreno para un auge en la producción algodonera y décadas de crecimiento económico interdependiente, lo que en última instancia generó un crecimiento fracturado que desencadenaría la Guerra Civil de Estados Unidos.
Según Chambers, ahora que Estados Unidos y Cuba han restablecido sus relaciones diplomáticas y trabajan por la normalización de sus nexos “brilla una luz sobre este legado compartido que puede ayudar a que ambas naciones comienzan otra vez”.
Hoy, 150 años después de finalizada la Guerra Civil en Estados Unidos, muchas de las cicatrices de la esclavitud aún son visibles, especialmente en el sur, “sin olvidar los lazos de Estados Unidos con la esclavitud aun más al sur… en Cuba”. Es hora de reconocer el papel estadounidense en el comercio de esclavos hacia Cuba y el verdadero propósito de la doctrina Monroe.
Fueron más de 300 años de horrores los que la esclavitud y el comercio de esclavos provocaron en Cuba, describe Chambers.
El tiempo de vida promedio desde el momento de su llegada a Cuba de los africanos esclavizados a menudo se calculaba en un solo dígito. Una tasa de mortalidad que por sí sola explica por qué la esclavitud cubana dependía del comercio de esclavos.
Aunque los Estados Unidos e Inglaterra prohibieron el comercio de esclavos en 1808, el 85 por ciento de los esclavos transportados a Cuba (759.669) fueron traídos después de la prohibición de Estados
Unidos. Por entonces, los estadounidenses habían decidido que la esclavitud cubana tenía un sentido económico e intensificaron su participación en el negocio.
Después de su revolución, la joven nación estadounidense quedó endeudada y abocada a una rápida expansión de la frontera del algodón. Pero los mercaderes que manejaban los bancos y compañías de seguros sólo proporcionaban préstamos agrícolas a base de una fuente confiable en especie (oro y plata) y en azúcar y el café para respaldar sus monedas y compensar los déficits comerciales con los centros financieros de Europa.
Si bien el café, el azúcar y las especies abrieron las puertas de los mercados europeos y asiáticos para los inversionistas de EEUU, las naves cargadas de esclavos fueron la clave de sus ingresos.
Esta es la razón por la qué, a pesar de la difusión del sentimiento antiesclavista y el abolicionismo en ambos lados del Atlántico, las numerosas leyes y tratados para frenar el comercio de esclavos y el envío de escuadras navales para patrullar las costas de África y las Américas, el comercio de esclavos no terminó en 1808. De hecho, durante muchos años posteriores se intensificó, y las políticas económicas de libre comercio a menudo coadyuvaban con la expansión de la esclavitud. El desmantelamiento de restricciones al comercio – a menudo enmascarado como golpes contra la emancipación – realmente consolidó la esclavitud en Cuba y en todo el hemisferio.
La política exterior de Estados Unidos protegía la expansión de la esclavitud cubana. La famosa declaración del Presidente James Monroe en 1823 conocida como doctrina Monroe, pretendía prohibir a los europeos acceso al hemisferio y se convirtió en piedra angular en la diplomacia de Washington durante generaciones. En el momento de su formulación, sin embargo, se pretendía impedir la intromisión británica en la trata ilegal de esclavos, respondiendo al interés de muchos estadounidenses en la masiva expansión de la esclavitud en Cuba.
En la década de 1820, Cuba se había convertido en el segundo socio comercial de Estados Unidos y el mayor productor de azúcar del mundo. Los inversores estadounidenses, las autoridades y comerciantes,
incluyendo muchos del norte de Estados Unidos, participaron en todos los aspectos de este desarrollo. Algunos estadounidenses llegaron a ser propietarios y operadores de plantaciones cubanas ellos mismos. Muchos otros estaban vinculados de diversas maneras a negocios basados en la esclavitud en Cuba, asevera Stephen Chambers.
Octubre 10 de 2015.
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Posturas críticas, reflexivas. Opinión profesional de rasgos independientes. Aportes con sustancia. Contexto despolarizante
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jueves, 15 de octubre de 2015
viernes, 2 de octubre de 2015
Manuel E. Yepe: Una democracia de los ricos para los ricos
“Por primera vez en la historia, el Congreso está dominado por una mayoría de millonarios que son, como promedio, catorce veces más ricos que el estadounidense medio… nuestros representantes están totalmente desconectados de la lucha diaria de la mayoría de los estadounidenses, que viven -de un cheque a otro- atrapados en la agotadora lucha por sobrevivir día a día”.
Así lo observa John W. Whitehead, Presidente del Instituto Rutherford, en su libro “A Government of Wolves: The Emerging American Police State” (“Un gobierno de lobos: el estado policial estadounidense que emerge”).
“De hecho, aunque se supone que Estados Unidos sea una república representativa, estas personas ganan salarios de seis cifras y habitan un mundo exento de multas, con gimnasio gratuito y atención sanitaria
que no es segunda de nadie, sólo tienen que trabajar dos o tres días a la semana; hacen 32 viajes por carretera completamente reembolsados cada año, viajan al exterior, reciben descuentos en restaurantes y
están exentos de impuestos en las tiendas de Capitol Hill, con aparcamiento reservado en el aeropuerto nacional de Washington, floresfrescas gratuitas en los jardines botánicos y asistencia también gratuita en la preparación de sus informes de impuestos sobre la renta. Ellos ni representan ni sirven al pueblo estadounidense. En vez de eso, se han autoproclamado nuestros amos”.
Según informa Dan Eggen en el diario The Washington Post: "las nuevas cifras ponen de relieve una larga tendencia de acumulación de riqueza en el Congreso, que está integrado mayoritariamente por millonarios y
casi millonarios que poseen a menudo varias casas y otros bienes fuera del alcance de la mayoría de los votantes que representan".
“Muchos de nuestros políticos viven como reyes. Pasean en lujosas limusinas, vuelan en aviones privados y consumen comidas gourmet, todo pagado por los contribuyentes estadounidenses, bien alejados de
aquellos a quienes se supone que representen. Por su lujoso estilo de vida, resulta difícil identificarles con el ciudadano común que vive cheque a cheque y mantiene al país con su dinero duramente ganado con el sudor de su frente”.
Como escribe el renombrado economista Joseph Stiglitz en la revista Vanity Fair, “prácticamente todos los senadores de Estados Unidos y la mayoría de los representantes de la cámara, integran el 1 por ciento
cuando llegan, son protegidos en sus cargos por el dinero del 1 por ciento y saben que si sirven bien al 1 por ciento serán recompensados por el 1 por ciento cuando dejen sus cargos. Por lo general, las
autoridades claves del poder ejecutivo en materia de política comercial y económica también integran el 1 por ciento.
Lamentablemente, dice Whitehead, la política electoral ha sido tan profundamente corrompida por el dinero corporativo que hay pocas posibilidades de que, incluso una persona bien intencionada, pueda
promover un cambio real en el Congreso. El camino de las urnas, ya sea a la Oficina Oval o al Congreso, es caro, y sólo los ricos, o aquellos apoyados por los ricos, son capaces de llegar siquiera a la línea de partida.
En el ciclo de las elecciones presidenciales de 2012, ambas partes gastaron mil millones de dólares para intentar obtener la elección de sus candidatos.
Una vez electos, estos burócratas ricos ya privilegiados entran en una vida de privilegio aún mayor, vergonzosamente a expensas de los contribuyentes estadounidenses. Ya sean demócratas o republicanos,
todos ellos aprovechan al máximo lo que un informe de prensa describe como "una montaña de ventajas con las que la mayoría de las fortunas mayores del mundo no podrían rivalizar".
Incluso los consejeros más cercanos del Presidente Obama son millonarios, los de su gabinete de quince miembros incluidos. Y luego están los grupos de presión (lobbys), con un estimado 26 cabilderos
por congresista, fuente de mucha corrupción y trasiego de dinero en Washington.
Esta presión, dice Whitehead, es alentada a su vez por un estilo de vida del Congreso que exige que los congresistas pasen la mayor parte de su tiempo recaudando fondos para campañas, en vez de respondiendo a las necesidades de sus electores. “Cuando la mitad de su tiempo la dedican a pedir dinero a individuos ricos y a otros intereses especiales, no hay manera que puedan responder a los problemas que están presentes en el país”.
Según el representante demócrata por Carolina del Norte Brad Miller, “a lo que nos enfrentamos es a un gobierno oligárquico, uno de los ricos, por los ricos y para los ricos. Si nos propusiéramos la
supervivencia de nuestro supuesto gobierno representativo, lo primero que debíamos hacer es arrebatar su control de la élite adinerada que lo dirige”.
Setiembre 30 de 2015
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Así lo observa John W. Whitehead, Presidente del Instituto Rutherford, en su libro “A Government of Wolves: The Emerging American Police State” (“Un gobierno de lobos: el estado policial estadounidense que emerge”).
“De hecho, aunque se supone que Estados Unidos sea una república representativa, estas personas ganan salarios de seis cifras y habitan un mundo exento de multas, con gimnasio gratuito y atención sanitaria
que no es segunda de nadie, sólo tienen que trabajar dos o tres días a la semana; hacen 32 viajes por carretera completamente reembolsados cada año, viajan al exterior, reciben descuentos en restaurantes y
están exentos de impuestos en las tiendas de Capitol Hill, con aparcamiento reservado en el aeropuerto nacional de Washington, floresfrescas gratuitas en los jardines botánicos y asistencia también gratuita en la preparación de sus informes de impuestos sobre la renta. Ellos ni representan ni sirven al pueblo estadounidense. En vez de eso, se han autoproclamado nuestros amos”.
Según informa Dan Eggen en el diario The Washington Post: "las nuevas cifras ponen de relieve una larga tendencia de acumulación de riqueza en el Congreso, que está integrado mayoritariamente por millonarios y
casi millonarios que poseen a menudo varias casas y otros bienes fuera del alcance de la mayoría de los votantes que representan".
“Muchos de nuestros políticos viven como reyes. Pasean en lujosas limusinas, vuelan en aviones privados y consumen comidas gourmet, todo pagado por los contribuyentes estadounidenses, bien alejados de
aquellos a quienes se supone que representen. Por su lujoso estilo de vida, resulta difícil identificarles con el ciudadano común que vive cheque a cheque y mantiene al país con su dinero duramente ganado con el sudor de su frente”.
Como escribe el renombrado economista Joseph Stiglitz en la revista Vanity Fair, “prácticamente todos los senadores de Estados Unidos y la mayoría de los representantes de la cámara, integran el 1 por ciento
cuando llegan, son protegidos en sus cargos por el dinero del 1 por ciento y saben que si sirven bien al 1 por ciento serán recompensados por el 1 por ciento cuando dejen sus cargos. Por lo general, las
autoridades claves del poder ejecutivo en materia de política comercial y económica también integran el 1 por ciento.
Lamentablemente, dice Whitehead, la política electoral ha sido tan profundamente corrompida por el dinero corporativo que hay pocas posibilidades de que, incluso una persona bien intencionada, pueda
promover un cambio real en el Congreso. El camino de las urnas, ya sea a la Oficina Oval o al Congreso, es caro, y sólo los ricos, o aquellos apoyados por los ricos, son capaces de llegar siquiera a la línea de partida.
En el ciclo de las elecciones presidenciales de 2012, ambas partes gastaron mil millones de dólares para intentar obtener la elección de sus candidatos.
Una vez electos, estos burócratas ricos ya privilegiados entran en una vida de privilegio aún mayor, vergonzosamente a expensas de los contribuyentes estadounidenses. Ya sean demócratas o republicanos,
todos ellos aprovechan al máximo lo que un informe de prensa describe como "una montaña de ventajas con las que la mayoría de las fortunas mayores del mundo no podrían rivalizar".
Incluso los consejeros más cercanos del Presidente Obama son millonarios, los de su gabinete de quince miembros incluidos. Y luego están los grupos de presión (lobbys), con un estimado 26 cabilderos
por congresista, fuente de mucha corrupción y trasiego de dinero en Washington.
Esta presión, dice Whitehead, es alentada a su vez por un estilo de vida del Congreso que exige que los congresistas pasen la mayor parte de su tiempo recaudando fondos para campañas, en vez de respondiendo a las necesidades de sus electores. “Cuando la mitad de su tiempo la dedican a pedir dinero a individuos ricos y a otros intereses especiales, no hay manera que puedan responder a los problemas que están presentes en el país”.
Según el representante demócrata por Carolina del Norte Brad Miller, “a lo que nos enfrentamos es a un gobierno oligárquico, uno de los ricos, por los ricos y para los ricos. Si nos propusiéramos la
supervivencia de nuestro supuesto gobierno representativo, lo primero que debíamos hacer es arrebatar su control de la élite adinerada que lo dirige”.
Setiembre 30 de 2015
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jueves, 10 de septiembre de 2015
Manuel E. Yepe: La ilusión de escoger la fuente informativa
Uno de los argumentos más sistemáticamente utilizados por la oligarquía de Estados Unidos para la defensa del sistema social capitalista que pretende expandir por el mundo en beneficio de sus intereses de dominación global es el derecho de opción informativa de que –argumentan- disfrutan los ciudadanos norteamericanos. Esa ilusión suscitada por la propia oligarquía pretende ignorar el riguroso control sobre los medios que en Estados Unidos ejerce un conglomerado de consorcios financieros.
Aunque ello es celosamente excluido como información de los grandes medios de prensa, se ha podido conocer que son apenas media docena los consorcios oligárquicos que ejercen el control del contenido
informativo, ideológico y político de los medios en Estados Unidos. Son ellos: General Electric, News Corporation, CBS, Time Warner, Viacom y Disney. Compárese este fenómeno con la situación en 1983
cuando la industria de los medios estaba representada por 50 compañías mediáticas independientes.
Estos seis monstruos financieros poseen, o controlan de otra forma, el 90% de los principales medios de prensa en Estados Unidos y subsecuentemente ejercen un ascendiente decisivo en todos los países
influenciados por la política informativa de Washington. Sus nombres o las porciones que cada una controla pueden variar a causa de compraventa, fusiones u operaciones de capital semejantes, pero el resultado será siempre el mismo.
“Cada una de estas corporaciones tiene sus propias historias sombrías, relaciones y actores sospechosos. Disney es considerado una esotérica empresa destinada a deformar las mentes de los niños con inquietantes
imágenes subliminales. Una de estas empresas es también la duodécima mayor contratista de la defensa militar de Estados Unidos, por lo que no es sorprendente que gran parte de nuestros productos de
entretenimiento se orienten a la glorificación de la guerra y la violencia”, asegura el periodista Vic Bishop, redactor del Walking Times en un comentario aparecido el 28 de agosto en esa publicación. Bishop aborda en su comentario las distintas tácticas utilizadas por los medios estadounidenses para la siembra de consentimiento ciudadano hacia los objetivos de la oligarquía.
La promoción de valores materiales superficiales, egocéntricos y con evidente simplificación para el consumo de la población se corresponde con los intereses de estos seis grupos corporativos. Glorifican el
consumo, la obediencia, la hipersexualización de la juventud, la ignorancia, la glorificación de la guerra, la vigilancia oficial en la vida privada de los ciudadanos, y así sucesivamente.
Instintivamente, los anunciantes apoyan a los conglomerado empresariales que controlan los medios porque les ayudan en la percepción de la opinión pública y las mentes de sus clientes.
Según Bishop, con solo observar las propuestas que presentan para elconsumo del público se puede derivar qué tipo de sociedad están esos seis conglomerados ayudando a construir. Tienen incluso el poder que
fabricar la realidad que ellos quieren para el futuro y la presentan en sus programas como “reality shows”. Quienes no representen las narrativas y la agenda consumista que ellos pintan, no encajan en la sociedad que ellos pretenden.
La nocividad y los peligros del producto ideológico residen en que se consume día a día por cientos de millones de lectores, televidentes, radioyentes e incluso internautas que no tienen plena conciencia de ello.
Fuertes lobbies, fundaciones y grupos de poder político o empresarial tienen suficiente capacidad organizativa, financiera y política para llevar a cabo campañas de presión contra los medios o periodistas que se salen de la línea dominante. Para la mayoría de los medios resulta menos problemático y más rentable acatar esta presión que enfrentarse a esos lobbies.
Si a esto se agrega que el 80 % de la información internacional que se publica en el mundo procede de cuatro grandes agencias de países del llamado primer mundo (AP, UPI, Reuters y AFP) que son las que fijan el orden del día de las noticias según la agenda de sus intereses corporativos.
La pluralidad ideológica es aún más falsa. Presentan polémicas y debates que no son reales porque siempre son mantenidos dentro de coordenadas que no afectan lo esencial. El lector, o la audiencia,
cree estar asistiendo a una discusión que muestra pluralidad y riqueza de opiniones cuando en verdad está siendo engañado con una discusión que se mantiene en un espectro ideológico y un escenario muy limitado.
En su prólogo al libro de Pascual Serrano “Desinformación; Cómo los medios ocultan el mundo”, Ignacio Ramonet escribe que en Estados Unidos la censura funciona por atragantamiento, asfixia o atasco. “Ofrecen tanta información que el público no se da cuenta de que alguna (precisamente la que más nos haría falta) no está”.
Septiembre 9 de 2015.
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Aunque ello es celosamente excluido como información de los grandes medios de prensa, se ha podido conocer que son apenas media docena los consorcios oligárquicos que ejercen el control del contenido
informativo, ideológico y político de los medios en Estados Unidos. Son ellos: General Electric, News Corporation, CBS, Time Warner, Viacom y Disney. Compárese este fenómeno con la situación en 1983
cuando la industria de los medios estaba representada por 50 compañías mediáticas independientes.
Estos seis monstruos financieros poseen, o controlan de otra forma, el 90% de los principales medios de prensa en Estados Unidos y subsecuentemente ejercen un ascendiente decisivo en todos los países
influenciados por la política informativa de Washington. Sus nombres o las porciones que cada una controla pueden variar a causa de compraventa, fusiones u operaciones de capital semejantes, pero el resultado será siempre el mismo.
“Cada una de estas corporaciones tiene sus propias historias sombrías, relaciones y actores sospechosos. Disney es considerado una esotérica empresa destinada a deformar las mentes de los niños con inquietantes
imágenes subliminales. Una de estas empresas es también la duodécima mayor contratista de la defensa militar de Estados Unidos, por lo que no es sorprendente que gran parte de nuestros productos de
entretenimiento se orienten a la glorificación de la guerra y la violencia”, asegura el periodista Vic Bishop, redactor del Walking Times en un comentario aparecido el 28 de agosto en esa publicación. Bishop aborda en su comentario las distintas tácticas utilizadas por los medios estadounidenses para la siembra de consentimiento ciudadano hacia los objetivos de la oligarquía.
La promoción de valores materiales superficiales, egocéntricos y con evidente simplificación para el consumo de la población se corresponde con los intereses de estos seis grupos corporativos. Glorifican el
consumo, la obediencia, la hipersexualización de la juventud, la ignorancia, la glorificación de la guerra, la vigilancia oficial en la vida privada de los ciudadanos, y así sucesivamente.
Instintivamente, los anunciantes apoyan a los conglomerado empresariales que controlan los medios porque les ayudan en la percepción de la opinión pública y las mentes de sus clientes.
Según Bishop, con solo observar las propuestas que presentan para elconsumo del público se puede derivar qué tipo de sociedad están esos seis conglomerados ayudando a construir. Tienen incluso el poder que
fabricar la realidad que ellos quieren para el futuro y la presentan en sus programas como “reality shows”. Quienes no representen las narrativas y la agenda consumista que ellos pintan, no encajan en la sociedad que ellos pretenden.
La nocividad y los peligros del producto ideológico residen en que se consume día a día por cientos de millones de lectores, televidentes, radioyentes e incluso internautas que no tienen plena conciencia de ello.
Fuertes lobbies, fundaciones y grupos de poder político o empresarial tienen suficiente capacidad organizativa, financiera y política para llevar a cabo campañas de presión contra los medios o periodistas que se salen de la línea dominante. Para la mayoría de los medios resulta menos problemático y más rentable acatar esta presión que enfrentarse a esos lobbies.
Si a esto se agrega que el 80 % de la información internacional que se publica en el mundo procede de cuatro grandes agencias de países del llamado primer mundo (AP, UPI, Reuters y AFP) que son las que fijan el orden del día de las noticias según la agenda de sus intereses corporativos.
La pluralidad ideológica es aún más falsa. Presentan polémicas y debates que no son reales porque siempre son mantenidos dentro de coordenadas que no afectan lo esencial. El lector, o la audiencia,
cree estar asistiendo a una discusión que muestra pluralidad y riqueza de opiniones cuando en verdad está siendo engañado con una discusión que se mantiene en un espectro ideológico y un escenario muy limitado.
En su prólogo al libro de Pascual Serrano “Desinformación; Cómo los medios ocultan el mundo”, Ignacio Ramonet escribe que en Estados Unidos la censura funciona por atragantamiento, asfixia o atasco. “Ofrecen tanta información que el público no se da cuenta de que alguna (precisamente la que más nos haría falta) no está”.
Septiembre 9 de 2015.
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miércoles, 2 de septiembre de 2015
Manuel E. Yepe: Control o descontrol de armas en E.U.A.
Dada su asiduidad, las balaceras que dejan varios o muchos civiles muertos y heridos han dejado de ser noticia en Estados Unidos. Solo llegan a ocupar espacios en los noticieros cuando involucran alguna circunstancia muy excepcional.
Tal fue lo que ocurrió en horas de la mañana del 26 de agosto cuando la reportera de televisión Alison Parker entrevistaba en vivo para la telemisora local WDBJ de Moneta, Virginia, a una persona que hablaba acerca de la importancia del desarrollo económico de la comunidad y de pronto surgieron disparos y gritos desesperados. Parker, de 24 años, y el camarógrafo que grababa la entrevista, Adam Ward, de 27 años, fueron baleados.
Al ser capturado algunas horas más tarde por la policía, Vester Lee Flanagan, el asesino, intentó suicidarse y murió en un hospital. Antes, había colgado en su perfil de Facebook un video tomado por él
mismo del momento del crimen. Según las primeras pesquisas, sus discrepancias con la telemisora por asuntos laborales habían sido el móvil del asesinato múltiple.
Es sumamente difícil entender cómo, en Estados Unidos, los fabricantes de armamento han logrado imponer las reglas para la tenencia y uso de armas de fuego que mantienen vivo el negocio de la venta de armas a la
población, uno de los más lucrativos en ese país pero causa de un sinnúmero de desgracias como la descrita en la sociedad estadounidense.
El culto a las armas de fuego en Estados Unidos ha llegado a extremos que contradicen el sentido común y las más elementales normas de seguridad ciudadana. Es resultante de una mezcla de interpretaciones
muy contradictorias de la Segunda Enmienda de la Constitución, manipuladas por el poderoso grupo de cabildeo congresional conocido como Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), la
voracidad de empresarios dispuestos a vender a los ciudadanos las más mortíferas armas para ganar dinero, y las veleidades de los políticos en la Casa Blanca y el Congreso que sucumben al dinero pródigo de estos intereses y apoyan sus ambiciones.
El fusil calibre .50 es un arma de guerra capaz de derribar un avión, perforar las defensas de vehículos blindados y tiene una alta precisión de disparo a una milla de distancia. No tiene uso deportivo
ni para la caza, pero puede comprarse en cuarenta de los cincuenta estados de la Unión Americana, (excepto en California) como si fuera una pistola corriente.
La Cámara de Representantes ha autorizado la exportación de esta mortífera arma y permitido su venta legal, lo que ha llevado a los grupos y los pocos periodistas que se oponen a la expansión de las
ventas de armas de fuego a la población a pronosticar que no pasará mucho tiempo sin que esos fusiles sean usados en actos de terrorismo y contra soldados estadounidenses desplegados por el gobierno en todo el
mundo ejecutando la guerra “antiterrorista” o promoviendo la versión de democracia que impone Washington en sus relaciones con otras naciones mediante cambios inducidos de gobiernos.
Los efectos sociales nocivos de las armas se extienden como una epidemia a través de las fronteras a varios países vecinos y, en primer lugar, a México, nación donde aunque el origen de estos problemas es propio, el contrabando de armas letales que son de venta legal en Estados Unidos ha complicado dramáticamente el combate contra las mafias, raigalmente involucrado con el tráfico de drogas ilícitas, la trata de personas y el contrabando en general.
No hay que perder de vista el hecho de que la posesión masiva de armas de fuego por la población en Estados Unidos hasta cierto punto justifica la agresividad de la policía, obligada a defenderse de un número ilimitado de potenciales agresores armados.
Aunque no se conoce el número de ciudadanos asesinados por oficiales de policía cada año en Estados Unidos, se sabe que en 2014 la policía ha dado muerte a un número de personas que duplica la
cantidad de estadounidenses fallecidos en balaceras masivas desde 1982 en toda la nación norteamericana.
Un ciudadano estadounidense cualquiera tiene nueve veces más probabilidades de ser asesinado por un oficial o agente de policía que por un terrorista.
Lo más lamentable es la contradicción que se aprecia en el hecho de que, una parte muy significativa de la ciudadanía más consciente favorezca la tenencia masiva de armas por la población como un hecho que presiona contra los abusos de la oligarquía y esa oligarquía, uno de cuyos miembros más influyentes es el grupo de cabildeo congresional de la NRA, boga en el mismo sentido.
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Tal fue lo que ocurrió en horas de la mañana del 26 de agosto cuando la reportera de televisión Alison Parker entrevistaba en vivo para la telemisora local WDBJ de Moneta, Virginia, a una persona que hablaba acerca de la importancia del desarrollo económico de la comunidad y de pronto surgieron disparos y gritos desesperados. Parker, de 24 años, y el camarógrafo que grababa la entrevista, Adam Ward, de 27 años, fueron baleados.
Al ser capturado algunas horas más tarde por la policía, Vester Lee Flanagan, el asesino, intentó suicidarse y murió en un hospital. Antes, había colgado en su perfil de Facebook un video tomado por él
mismo del momento del crimen. Según las primeras pesquisas, sus discrepancias con la telemisora por asuntos laborales habían sido el móvil del asesinato múltiple.
Es sumamente difícil entender cómo, en Estados Unidos, los fabricantes de armamento han logrado imponer las reglas para la tenencia y uso de armas de fuego que mantienen vivo el negocio de la venta de armas a la
población, uno de los más lucrativos en ese país pero causa de un sinnúmero de desgracias como la descrita en la sociedad estadounidense.
El culto a las armas de fuego en Estados Unidos ha llegado a extremos que contradicen el sentido común y las más elementales normas de seguridad ciudadana. Es resultante de una mezcla de interpretaciones
muy contradictorias de la Segunda Enmienda de la Constitución, manipuladas por el poderoso grupo de cabildeo congresional conocido como Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), la
voracidad de empresarios dispuestos a vender a los ciudadanos las más mortíferas armas para ganar dinero, y las veleidades de los políticos en la Casa Blanca y el Congreso que sucumben al dinero pródigo de estos intereses y apoyan sus ambiciones.
El fusil calibre .50 es un arma de guerra capaz de derribar un avión, perforar las defensas de vehículos blindados y tiene una alta precisión de disparo a una milla de distancia. No tiene uso deportivo
ni para la caza, pero puede comprarse en cuarenta de los cincuenta estados de la Unión Americana, (excepto en California) como si fuera una pistola corriente.
La Cámara de Representantes ha autorizado la exportación de esta mortífera arma y permitido su venta legal, lo que ha llevado a los grupos y los pocos periodistas que se oponen a la expansión de las
ventas de armas de fuego a la población a pronosticar que no pasará mucho tiempo sin que esos fusiles sean usados en actos de terrorismo y contra soldados estadounidenses desplegados por el gobierno en todo el
mundo ejecutando la guerra “antiterrorista” o promoviendo la versión de democracia que impone Washington en sus relaciones con otras naciones mediante cambios inducidos de gobiernos.
Los efectos sociales nocivos de las armas se extienden como una epidemia a través de las fronteras a varios países vecinos y, en primer lugar, a México, nación donde aunque el origen de estos problemas es propio, el contrabando de armas letales que son de venta legal en Estados Unidos ha complicado dramáticamente el combate contra las mafias, raigalmente involucrado con el tráfico de drogas ilícitas, la trata de personas y el contrabando en general.
No hay que perder de vista el hecho de que la posesión masiva de armas de fuego por la población en Estados Unidos hasta cierto punto justifica la agresividad de la policía, obligada a defenderse de un número ilimitado de potenciales agresores armados.
Aunque no se conoce el número de ciudadanos asesinados por oficiales de policía cada año en Estados Unidos, se sabe que en 2014 la policía ha dado muerte a un número de personas que duplica la
cantidad de estadounidenses fallecidos en balaceras masivas desde 1982 en toda la nación norteamericana.
Un ciudadano estadounidense cualquiera tiene nueve veces más probabilidades de ser asesinado por un oficial o agente de policía que por un terrorista.
Lo más lamentable es la contradicción que se aprecia en el hecho de que, una parte muy significativa de la ciudadanía más consciente favorezca la tenencia masiva de armas por la población como un hecho que presiona contra los abusos de la oligarquía y esa oligarquía, uno de cuyos miembros más influyentes es el grupo de cabildeo congresional de la NRA, boga en el mismo sentido.
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sábado, 18 de julio de 2015
Manuel E. Yepe: Hipocrecía y doble moral en las migraciones
Durante siglos, el sistema capitalista global ha expoliado a los países del mundo subdesarrollado de manera cruel. Les ha despojado de sus recursos naturales, sometido a un intercambio injusto de sus
mercancías y explotado de manera inmisericorde su mano de obra. Hoy es imposible sostener esa inicua situación por muchas razones entre las que se incluye la capacidad de emigrar que objetivamente se presenta como alternativa única de los saqueados.
Las relaciones migratorias de Estados Unidos y Latinoamérica se han caracterizado siempre por su hipocresía y su doble moral. Washington impone barreras legales a las personas obligadas a emigrar
a causa de la situación económica provocada en sus países de origen por el fenómeno del intercambio desigual.
En todo el mundo se aprecia el fenómeno de que mientras los países ricos presionan por globalizar el comercio de mercancías, obstruyen la migración de personas. Mientras abogan por el libre movimiento
internacional de las mercancías que ellos producen con mayor eficiencia tecnológica y superiores beneficios, objetan la inmigración de mano de obra que su propia economía necesita y que, a largo plazo, contribuiría a la equiparación de salarios entre países ricos y pobres.
Tras más de un siglo de saqueo impune de Latinoamérica hasta la ruina, Norteamérica se ha visto ante la opción de soportar una gigantesca marea inmigratoria o cerrar esta válvula de escape en una región
amenazada de explosiones sociales que se multiplican una tras otras. Incuestionablemente, la emigración es un importante factor de descompresión de las tensiones que derivan del desempleo y una fuente
de ingreso de dinero para los países de origen. Las transferencias de dinero fresco de los emigrantes hacia sus familiares han llegado a representar una parte significativa del producto bruto de sus países de origen y contribuyen a mejorar sus balanzas de pagos.
Pero el éxodo de trabajadores jóvenes y la dependencia económica que surge de las transferencias de dinero a sus familias en los países de origen conducen, a mediano y largo plazo a serios inconvenientes para el desarrollo económico del país emisor de migrantes.
O sea, la crisis económica suscita el éxodo y las remesas de los emigrantes atenúan durante cierto tiempo el efecto económico inmediato, pero a mediano o largo plazo la crisis se profundiza si no cambian las condiciones que la provocaron.
Las remesas de los emigrantes pueden llegar a ser base de sustentación de las economías de los países emisores, arruinados por los efectos del intercambio desigual, la deuda externa, las imposiciones de los
organismos financieros internacionales y otros males responsables de la presente depauperación económica de los países del Tercer Mundo. Las remesas familiares de sus emigrados a Estados Unidos aportan a
México cuatro veces el valor de sus exportaciones agrícolas, superan sus ingresos por concepto de turismo y representan dos tercios de sus exportaciones de petróleo.
Alrededor de la mitad de las divisas que ingresan varios países de Centroamérica provienen de sus emigrantes que trabajan en los Estados Unidos, sin incluir las remitidas por los emigrados a otros países.
Manipulación contrastante y extrema del tema migratorio ha sido la “Ley de Ajuste Cubano” emitida por Washington en 1966, para promover la emigración ilegal de cubanos al hacerlos elegibles de manera automática para recibir residencia permanente en Estados Unidos si lo soliciten en cualquier circunstancia lícita o no.
Cuando Washington amenaza con disponer una expulsión masiva de inmigrantes indocumentados u otra acción similar, algunos gobiernos latinoamericanos se ven prácticamente obligados a pedir clemencia
porque ello significaría el desplome de sus economías, incapaces de asimilar a los expulsados y prescindir de sus remesas.
En el fondo de este escenario esta la sombra de una sucesión de estallidos sociales incontrolables en los países latinoamericanos, y los efectos sociales y los conflictos étnicos, religiosos y de
competencia en el mercado laboral entre inmigrantes y nacionales, que pudieran llegar a ser fuente ellos mismos de asonadas sociales en los propios Estados Unidos.
La globalización de la economía, que se impone por sí misma inexorablemente, no ha llegado necesariamente para servir los intereses de los poderosos -como pretenden los ideólogos del neoliberalismo-, forma parte del devenir histórico que marcha hacia la conformación de un mundo mejor, único y solidario, que pasa por el desarrollo de relaciones internacionales equitativas y justas.
Julio 11 de 2015.
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mercancías y explotado de manera inmisericorde su mano de obra. Hoy es imposible sostener esa inicua situación por muchas razones entre las que se incluye la capacidad de emigrar que objetivamente se presenta como alternativa única de los saqueados.
Las relaciones migratorias de Estados Unidos y Latinoamérica se han caracterizado siempre por su hipocresía y su doble moral. Washington impone barreras legales a las personas obligadas a emigrar
a causa de la situación económica provocada en sus países de origen por el fenómeno del intercambio desigual.
En todo el mundo se aprecia el fenómeno de que mientras los países ricos presionan por globalizar el comercio de mercancías, obstruyen la migración de personas. Mientras abogan por el libre movimiento
internacional de las mercancías que ellos producen con mayor eficiencia tecnológica y superiores beneficios, objetan la inmigración de mano de obra que su propia economía necesita y que, a largo plazo, contribuiría a la equiparación de salarios entre países ricos y pobres.
Tras más de un siglo de saqueo impune de Latinoamérica hasta la ruina, Norteamérica se ha visto ante la opción de soportar una gigantesca marea inmigratoria o cerrar esta válvula de escape en una región
amenazada de explosiones sociales que se multiplican una tras otras. Incuestionablemente, la emigración es un importante factor de descompresión de las tensiones que derivan del desempleo y una fuente
de ingreso de dinero para los países de origen. Las transferencias de dinero fresco de los emigrantes hacia sus familiares han llegado a representar una parte significativa del producto bruto de sus países de origen y contribuyen a mejorar sus balanzas de pagos.
Pero el éxodo de trabajadores jóvenes y la dependencia económica que surge de las transferencias de dinero a sus familias en los países de origen conducen, a mediano y largo plazo a serios inconvenientes para el desarrollo económico del país emisor de migrantes.
O sea, la crisis económica suscita el éxodo y las remesas de los emigrantes atenúan durante cierto tiempo el efecto económico inmediato, pero a mediano o largo plazo la crisis se profundiza si no cambian las condiciones que la provocaron.
Las remesas de los emigrantes pueden llegar a ser base de sustentación de las economías de los países emisores, arruinados por los efectos del intercambio desigual, la deuda externa, las imposiciones de los
organismos financieros internacionales y otros males responsables de la presente depauperación económica de los países del Tercer Mundo. Las remesas familiares de sus emigrados a Estados Unidos aportan a
México cuatro veces el valor de sus exportaciones agrícolas, superan sus ingresos por concepto de turismo y representan dos tercios de sus exportaciones de petróleo.
Alrededor de la mitad de las divisas que ingresan varios países de Centroamérica provienen de sus emigrantes que trabajan en los Estados Unidos, sin incluir las remitidas por los emigrados a otros países.
Manipulación contrastante y extrema del tema migratorio ha sido la “Ley de Ajuste Cubano” emitida por Washington en 1966, para promover la emigración ilegal de cubanos al hacerlos elegibles de manera automática para recibir residencia permanente en Estados Unidos si lo soliciten en cualquier circunstancia lícita o no.
Cuando Washington amenaza con disponer una expulsión masiva de inmigrantes indocumentados u otra acción similar, algunos gobiernos latinoamericanos se ven prácticamente obligados a pedir clemencia
porque ello significaría el desplome de sus economías, incapaces de asimilar a los expulsados y prescindir de sus remesas.
En el fondo de este escenario esta la sombra de una sucesión de estallidos sociales incontrolables en los países latinoamericanos, y los efectos sociales y los conflictos étnicos, religiosos y de
competencia en el mercado laboral entre inmigrantes y nacionales, que pudieran llegar a ser fuente ellos mismos de asonadas sociales en los propios Estados Unidos.
La globalización de la economía, que se impone por sí misma inexorablemente, no ha llegado necesariamente para servir los intereses de los poderosos -como pretenden los ideólogos del neoliberalismo-, forma parte del devenir histórico que marcha hacia la conformación de un mundo mejor, único y solidario, que pasa por el desarrollo de relaciones internacionales equitativas y justas.
Julio 11 de 2015.
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jueves, 2 de julio de 2015
Manuel E. Yepe: Nuevo Manual de Guerra del Pentágono
Justo cuando parecía que el discurso oficial sobre las políticas gubernamentales estadounidense había llegado al extremo de la paradoja, la autocomplacencia y las inconsistencias, el Pentágono
emitió su “Manual sobre Leyes de la Guerra” (“Law of War Manual”) que dispone la conducta jurídica a que debe atenerse el personal de su servicio en todas las ramas durante las operaciones militares.
En un artículo valorativo de ese nuevo instrumento jurídico del Pentágono que fue difundido por TheAntiMedia blog y Anti-Media Radio, la escritora y periodista Claire Bernish califica al Manual de “escalofriante”.
“Aunque la voluminosa publicación de 1,180 páginas a un solo espacio es más seco que el pan duro -dice la periodista- y contiene un gran número de entradas alarmantes que merecen más de una lectura cuidadosa”.
Bernish señala que este Manual, en el que se trabajó durante 25 años, constituye la primera modificación integral de las leyes que desde 1956 rigen la política de las guerras del Departamento de Defensa estadounidense.
Uno de los significativos cambios es el referido a los periodistas quienes, “aunque por lo general son civiles, suelen ser también miembros de fuerzas armadas o beligerantes sin privilegios", término este último que al parecer sustituye –quién sabe con qué intención- al de ‘combatientes ilegales’ que se usaba en la era de George W. Bush para definir a supuestos terroristas que se hicieran pasar por periodistas, resalta Bernish.
La periodista considera que en el nivel puramente superficial, la existencia de un manual de leyes que regule el comportamiento de un país en tiempos de conflicto indicaría la existencia en él de una conducta respetable que excluya violaciones de los derechos humanos, pero “en este caso ello solo sería en el plano técnico, ya que el contenido de esta misma guía de los usuarios desmiente tal cosa e identifica al gobierno estadounidense como el más belicoso y arrogante del planeta”.
Ejemplo de lo anterior es la bien documentada circunstancia de la utilización de uranio empobrecido por Estados Unidos en la guerra de Irak y en la etapa inmediatamente posterior, que dejó como secuela de décadas muchos miles de víctimas civiles iraquíes con monstruosas deformaciones físicas. En todo el mundo ello ha sido categóricamente condenado, no obstante lo cual el nuevo Manual inscribe el uso de armamentos a base de uranio empobrecido como “legal”.
Desde 2004 hasta hoy la tasa de malformaciones congénitas en la ciudad iraquí de Falluyah ha sobrepasado la de las bombas atómicas que cruelmente dejó caer Estados Unidos sobre las ciudades japonesas d Hiroshima y Nagasaki hace 55 años, cuando ya el Imperio nipón había anunciado su voluntad de rendirse.
Similarmente, las internacionalmente prohibidas bombas de racimo aparecen listadas en el Manual como armas con reglas específicas para su uso dado que pudieran resultar necesarias para el cumplimiento de obligaciones que le están dadas a EE.UU. por el derecho internacional”.
La autora recuerda que lo anterior obvia el hecho de que la Convención sobre municiones en racimo ha sido suscrita por 116 países, y solamente Estados Unidos y Arabia Saudita no se han adherido a ella en todo el mundo.
La autora resalta la paradoja de que Estados Unidos permita la exportación de armas prohibidas por la comunidad internacional, con la sola condición de que el comprador se comprometa a usarlas únicamente contra objetivos militares, “con un mínimo daño a civiles inocentes”. Frecuentemente, estas municiones dejan de estallar por meses o incluso décadas después de haber caído la bomba madre. Los niños a menudo son mutilados o asesinados cuando las hallan y las confunden con juguetes. Tal circunstancia ha cobrado actualidad al conocerse de las recientes víctimas civiles de bombas de racimo suministradas por Washington en Yemen, a raíz de lo cual el Pentágono anunció que investigaría el caso y prometió que, a partir de 2018, cesaría la exportación de armamento de este tipo.
Esta última afirmación contradice, según Bernish, el interés de Washington por que en el Manual aparecieran listadas como lícitas las bombas de racimo para el uso por las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Las bombas de racimo y el uranio empobrecido son apenas dos ejemplos de las muchas cuestiones admitidas en el Manual que generan una gran cantidad de preguntas en vez de las respuestas categóricas que cabría esperar por su abarcador título. Clasificados como "legales" aparecen también otros dispositivos como las minas, las armas nucleares, las trampas explosivas camufladas, los herbicidas, las armas láser
(cegadoras o no), las incendiarias, las armas de fragmentación, entre otras que merecen esclarecimiento.
Julio 1º de 2015.
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emitió su “Manual sobre Leyes de la Guerra” (“Law of War Manual”) que dispone la conducta jurídica a que debe atenerse el personal de su servicio en todas las ramas durante las operaciones militares.
En un artículo valorativo de ese nuevo instrumento jurídico del Pentágono que fue difundido por TheAntiMedia blog y Anti-Media Radio, la escritora y periodista Claire Bernish califica al Manual de “escalofriante”.
“Aunque la voluminosa publicación de 1,180 páginas a un solo espacio es más seco que el pan duro -dice la periodista- y contiene un gran número de entradas alarmantes que merecen más de una lectura cuidadosa”.
Bernish señala que este Manual, en el que se trabajó durante 25 años, constituye la primera modificación integral de las leyes que desde 1956 rigen la política de las guerras del Departamento de Defensa estadounidense.
Uno de los significativos cambios es el referido a los periodistas quienes, “aunque por lo general son civiles, suelen ser también miembros de fuerzas armadas o beligerantes sin privilegios", término este último que al parecer sustituye –quién sabe con qué intención- al de ‘combatientes ilegales’ que se usaba en la era de George W. Bush para definir a supuestos terroristas que se hicieran pasar por periodistas, resalta Bernish.
La periodista considera que en el nivel puramente superficial, la existencia de un manual de leyes que regule el comportamiento de un país en tiempos de conflicto indicaría la existencia en él de una conducta respetable que excluya violaciones de los derechos humanos, pero “en este caso ello solo sería en el plano técnico, ya que el contenido de esta misma guía de los usuarios desmiente tal cosa e identifica al gobierno estadounidense como el más belicoso y arrogante del planeta”.
Ejemplo de lo anterior es la bien documentada circunstancia de la utilización de uranio empobrecido por Estados Unidos en la guerra de Irak y en la etapa inmediatamente posterior, que dejó como secuela de décadas muchos miles de víctimas civiles iraquíes con monstruosas deformaciones físicas. En todo el mundo ello ha sido categóricamente condenado, no obstante lo cual el nuevo Manual inscribe el uso de armamentos a base de uranio empobrecido como “legal”.
Desde 2004 hasta hoy la tasa de malformaciones congénitas en la ciudad iraquí de Falluyah ha sobrepasado la de las bombas atómicas que cruelmente dejó caer Estados Unidos sobre las ciudades japonesas d Hiroshima y Nagasaki hace 55 años, cuando ya el Imperio nipón había anunciado su voluntad de rendirse.
Similarmente, las internacionalmente prohibidas bombas de racimo aparecen listadas en el Manual como armas con reglas específicas para su uso dado que pudieran resultar necesarias para el cumplimiento de obligaciones que le están dadas a EE.UU. por el derecho internacional”.
La autora recuerda que lo anterior obvia el hecho de que la Convención sobre municiones en racimo ha sido suscrita por 116 países, y solamente Estados Unidos y Arabia Saudita no se han adherido a ella en todo el mundo.
La autora resalta la paradoja de que Estados Unidos permita la exportación de armas prohibidas por la comunidad internacional, con la sola condición de que el comprador se comprometa a usarlas únicamente contra objetivos militares, “con un mínimo daño a civiles inocentes”. Frecuentemente, estas municiones dejan de estallar por meses o incluso décadas después de haber caído la bomba madre. Los niños a menudo son mutilados o asesinados cuando las hallan y las confunden con juguetes. Tal circunstancia ha cobrado actualidad al conocerse de las recientes víctimas civiles de bombas de racimo suministradas por Washington en Yemen, a raíz de lo cual el Pentágono anunció que investigaría el caso y prometió que, a partir de 2018, cesaría la exportación de armamento de este tipo.
Esta última afirmación contradice, según Bernish, el interés de Washington por que en el Manual aparecieran listadas como lícitas las bombas de racimo para el uso por las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Las bombas de racimo y el uranio empobrecido son apenas dos ejemplos de las muchas cuestiones admitidas en el Manual que generan una gran cantidad de preguntas en vez de las respuestas categóricas que cabría esperar por su abarcador título. Clasificados como "legales" aparecen también otros dispositivos como las minas, las armas nucleares, las trampas explosivas camufladas, los herbicidas, las armas láser
(cegadoras o no), las incendiarias, las armas de fragmentación, entre otras que merecen esclarecimiento.
Julio 1º de 2015.
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martes, 16 de junio de 2015
Manuel E. Yepe: Un equipo letal contra sospechosos
El primero de junio de 2002, nueve meses luego de los atroces acontecimientos terroristas del 11 de septiembre de 2001, George W. Bush Jr, el entonces presidente de Estados Unidos, formuló un discurso
en la Academia militar de West Point en el que ordenaba transformar las fuerzas armadas de Estados Unidos en una "fuerza militar preparada para atacar en cualquier momento en cualquier oscuro rincón del
mundo". Puntualizó el mandatario que "debemos descubrir células de terror en 60 o más países."
El 7 de junio último, el New York Times publicó un artículo editorial titulado “La Historia secreta del Equipo SEAL 6” que narra las “heroicas” acciones de una de las más conocidas unidades de cacería humana con escasa supervisión superior desarrollada por Estados Unidos a raíz de aquella demencial orden presidencial. A esta unidad se atribuye el asesinato de Osama Bin Laden y, al cabo de una década de su existencia, se le considera prototipo de la maquinaria de cacería humana global que opera Washington.
Esta narración forma parte de la historia oculta de los SEAL, unidades de la Marina estadounidense que constituye una de las organizaciones militares más mitologizadas, más reservadas y menos escudriñadas de
las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Está diseñada para una forma de guerra que no se decida por las victorias y derrotas en el campo de batalla, sino por la intensidad con que se liquide a los sospechosos de ser oponentes, antes que comiencen los combates. Originalmente era un pequeño grupo reservado para misiones “raras”, pero se fue transformando en una maquinaria de cacería humana global con poca supervisión oficial.
Casi todo lo relacionado con el Equipo 6 del SEAL es secreto. Ha realizado mortales misiones desde bases secretas en Somalia. En Afganistán, ha participado en combates cuerpo a cuerpo en los que su personal se ha empapado de sangre ajena.
Para incursiones clandestinas en la oscuridad de la noche, sus armas preferidas suelen ser carabinas comunes modificadas para fines específicos o hachas tomahawk. Recorren clandestinamente el mundo encubiertos como empleados civiles de empresas o de embajadas, tripulantes de naves comerciales o cualquier otro disfraz apropiado a la tarea específica, tras objetivos humanos que Estados Unidos pretende asesinar, capturar o neutralizar.
El equipo 6 de SEAL realiza misiones que desdibujan las líneas tradicionales entre el soldado y el espía. Durante las guerras en que interviene puede desdoblarse para operaciones clandestinas de inteligencia, o unirse a agentes de la CIA para otras iniciativas.
Realiza algunas de las misiones más peligrosas, las que se consideran demasiado arriesgadas para tropas convencionales. Ha realizado miles de peligrosas incursiones contra líderes adversarios para debilitar
sus redes de militantes, pero esas actividades han generado preocupación por la matanza excesiva de civiles que han provocado. Pobladores afganos y un comandante británico acusaron a SEAL de matar indiscriminadamente a un grupo de jóvenes durante una incursión en una aldea, lo que provocó tensiones con las autoridades afganas. Un rehén estadounidense que fue liberado en dramático rescate ha cuestionado por qué los SEAL masacraron a todos sus captores.
Ni siquiera los supervisores civiles de los militares examinan regularmente las operaciones de la unidad. "Esta es un área de la que el Congreso notoriamente no quiere saber demasiado," dijo un asesor jurídico del Departamento de Estado, que orienta a la administración de Obama sobre asuntos de la guerra clandestina.
La campaña de ataques con drones de la CIA se ha quejado a los políticos porque el secretismo en torno al equipo 6 imposibilita evaluar el registro y las consecuencias de sus acciones, incluyendo las bajas civiles o el profundo resentimiento contra Estados Unidos que dejan sus acciones dentro de los países donde operan.
SEAL es un acrónimo proveniente del inglés referido a las fuerzas de mar, aire y tierra donde operan (Sea, Air, Land) y en recuerdo a los hombres ranas de la II Guerra Mundial. Lo de “Equipo 6” recuerda al
grupo que fracasó en 1980 en el rescate de 53 rehenes USAmericanos en la toma de la Embajada de Estados Unidos en Teherán y también servía como desinformación acerca del número de equipos SEAL con que contaban entonces, que eran sólo dos.
Mucho dinero del contribuyente estadounidense ha tragado el equipo 6 de SEAL desde el año 2001. Ha ampliado sus filas hasta contar hoy con unos 300 soldados en sus tropas de asalto y 1.500 operadores, incluyendo personal de apoyo para satisfacer nuevas demandas. Entrenados para la recuperación de rehenes y otras misiones peligrosas, desde 2003 han intentado por lo menos 10 importantes rescates que han sido sus más celebrados éxitos y más amargos fracasos.
Junio 13 de 2015.
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en la Academia militar de West Point en el que ordenaba transformar las fuerzas armadas de Estados Unidos en una "fuerza militar preparada para atacar en cualquier momento en cualquier oscuro rincón del
mundo". Puntualizó el mandatario que "debemos descubrir células de terror en 60 o más países."
El 7 de junio último, el New York Times publicó un artículo editorial titulado “La Historia secreta del Equipo SEAL 6” que narra las “heroicas” acciones de una de las más conocidas unidades de cacería humana con escasa supervisión superior desarrollada por Estados Unidos a raíz de aquella demencial orden presidencial. A esta unidad se atribuye el asesinato de Osama Bin Laden y, al cabo de una década de su existencia, se le considera prototipo de la maquinaria de cacería humana global que opera Washington.
Esta narración forma parte de la historia oculta de los SEAL, unidades de la Marina estadounidense que constituye una de las organizaciones militares más mitologizadas, más reservadas y menos escudriñadas de
las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Está diseñada para una forma de guerra que no se decida por las victorias y derrotas en el campo de batalla, sino por la intensidad con que se liquide a los sospechosos de ser oponentes, antes que comiencen los combates. Originalmente era un pequeño grupo reservado para misiones “raras”, pero se fue transformando en una maquinaria de cacería humana global con poca supervisión oficial.
Casi todo lo relacionado con el Equipo 6 del SEAL es secreto. Ha realizado mortales misiones desde bases secretas en Somalia. En Afganistán, ha participado en combates cuerpo a cuerpo en los que su personal se ha empapado de sangre ajena.
Para incursiones clandestinas en la oscuridad de la noche, sus armas preferidas suelen ser carabinas comunes modificadas para fines específicos o hachas tomahawk. Recorren clandestinamente el mundo encubiertos como empleados civiles de empresas o de embajadas, tripulantes de naves comerciales o cualquier otro disfraz apropiado a la tarea específica, tras objetivos humanos que Estados Unidos pretende asesinar, capturar o neutralizar.
El equipo 6 de SEAL realiza misiones que desdibujan las líneas tradicionales entre el soldado y el espía. Durante las guerras en que interviene puede desdoblarse para operaciones clandestinas de inteligencia, o unirse a agentes de la CIA para otras iniciativas.
Realiza algunas de las misiones más peligrosas, las que se consideran demasiado arriesgadas para tropas convencionales. Ha realizado miles de peligrosas incursiones contra líderes adversarios para debilitar
sus redes de militantes, pero esas actividades han generado preocupación por la matanza excesiva de civiles que han provocado. Pobladores afganos y un comandante británico acusaron a SEAL de matar indiscriminadamente a un grupo de jóvenes durante una incursión en una aldea, lo que provocó tensiones con las autoridades afganas. Un rehén estadounidense que fue liberado en dramático rescate ha cuestionado por qué los SEAL masacraron a todos sus captores.
Ni siquiera los supervisores civiles de los militares examinan regularmente las operaciones de la unidad. "Esta es un área de la que el Congreso notoriamente no quiere saber demasiado," dijo un asesor jurídico del Departamento de Estado, que orienta a la administración de Obama sobre asuntos de la guerra clandestina.
La campaña de ataques con drones de la CIA se ha quejado a los políticos porque el secretismo en torno al equipo 6 imposibilita evaluar el registro y las consecuencias de sus acciones, incluyendo las bajas civiles o el profundo resentimiento contra Estados Unidos que dejan sus acciones dentro de los países donde operan.
SEAL es un acrónimo proveniente del inglés referido a las fuerzas de mar, aire y tierra donde operan (Sea, Air, Land) y en recuerdo a los hombres ranas de la II Guerra Mundial. Lo de “Equipo 6” recuerda al
grupo que fracasó en 1980 en el rescate de 53 rehenes USAmericanos en la toma de la Embajada de Estados Unidos en Teherán y también servía como desinformación acerca del número de equipos SEAL con que contaban entonces, que eran sólo dos.
Mucho dinero del contribuyente estadounidense ha tragado el equipo 6 de SEAL desde el año 2001. Ha ampliado sus filas hasta contar hoy con unos 300 soldados en sus tropas de asalto y 1.500 operadores, incluyendo personal de apoyo para satisfacer nuevas demandas. Entrenados para la recuperación de rehenes y otras misiones peligrosas, desde 2003 han intentado por lo menos 10 importantes rescates que han sido sus más celebrados éxitos y más amargos fracasos.
Junio 13 de 2015.
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