domingo, 21 de junio de 2015

Gerónimo Pérez Rescaniere: Guyana está vigente

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Los hombres envejecen y mueren, vienen otros, el diseño y potencia de las armas también cambia, cada época pone en acción cosas que antes no se conocían, por ejemplo el espíritu de revolución de América Latina, que nos embala hacia la plenitud y que hace cien años existía pero no tenía fuerza. Pero hay cosas eternas, el Orinoco por ejemplo, su agua corre del continente hacia el mar desde hace millones de años y es vía de comunicación, a veces usada, a veces existiendo sólo en estado de latencia. Y esas vías de comunicación crean países por el poderoso instrumento de la riqueza creada, desatan guerras que los libros de historia atribuyen a causas lógicas y falsas. El gran río es generador de la Guayana holandesa, que devino británica y ahora se llama Guyana y ha sido y es instrumento de musiúes, cada uno con su distinto cachimbo.

El petróleo también es eterno, el conocimiento de su utilidad es más reciente, pero no demasiado. La detección de sus minas, las de la Guyana, por ejemplo, no es cosa de hace un mes; por percusión con pólvora se la hacía en muchas partes del mundo desde inicios del siglo XX y ahora se la investiga desde satélites. Conocimiento tal se guarda por décadas, por siglos, produce derrocamientos de gobiernos, triunfos electorales, hasta que se cree conveniente el momento para su revelación. A veces no es revelación sino uso, como es el caso del petróleo de esquisto norteamericano cuando se aprieta la competencia con Rusia y se cree que Maduro está como mango maduro. Asunto de hacer un meneo de mata con uso de los perritos que se tienen en Venezuela. No funcionó, no estaba maduro, más bien está más-duro, como dice Antonio Paolini.

La Exxon considera bueno este momento para revelar lo que sabe hace cien años, por algo lo hace ahora.

Y hay el oro. En la medida en que el dólar se va volviendo puro papel que la gente sólo acepta porque si no la acusan de violadora de los derechos humanos y le ponen la boca de un arma de fuego ante la cara, el oro se valoriza más y más. (¡Y hay quien quiere dolarizar a Venezuela!). Y más se valorizará. Tenemos oro. Y ya no dejamos que lo saqueen, el Estado venezolano está creando un taller de procesamiento de oro en Bolívar que va a ser de peso mundial.

Deseos de extenderse hacia la Faja


No hay motivo para que los muchachos del imperialismo se contenten con el petróleo del Esequibo. Cerca está la Faja Hugo Chávez Frías. Innúmeros fueron los regalos que le dejó el Comandante Eterno a Venezuela, acaso la Faja sea el principal. Le pusieron por sobrenombre “Bituminosa” que autorizaba a venderla barata pero Chávez quitó a los sinvergüenzas de allí, la hizo medir y cuantificar, volviéndola inocultable ante el entero mundo. Para allá va el imperio si se les deja, téngalo por seguro.
¿Exagero respecto al tamaño geográfico del conato Exxon? Véase un episodio de 1882, que tomo del volumen 2 de mi libro De Cristóbal Colón a Hugo Chávez Frías:

Apoderarse de la Párima y del Orinoco

“De pronto se establece una tensión entre Venezuela e Inglaterra. Al principio parece cosa menor, un incidente o varios incidentes de pocos soldados, en selvas y espesuras del límite de la Guayana Británica y Venezuela. En los siglos han sucedido decenas de ellos, quizá cientos, y en los hechos, hace años que los colonos británicos están instalados en esas zonas trabajando oro. Ahora penetran los soldados británicos algunos kilómetros más. Luego se conoce que, a través de un «mapa de Schomburgk» nuevo y ampliado, la Gran Bretaña reclama no ya 167.830 kilómetros cuadrados de la región Esequiba que originalmente el geógrafo alemán británico le asig­nó, sino 203. 310, o sea se añaden las minas de El Callao y Upata, también la mina Nueva Providencia, con lo cual se posesiona de todo el oro venezolano. Además controla los ríos Yuruary, Cuyuní y Caroní.

Hay reclamo de la Cancillería venezolana”:

“Inglaterra, señala Frankel, rechazó las reclamaciones territoriales de Venezuela sobre Guayana. La aparición de dos barcos de guerra (británicos) en la desembocadura del Orinoco y la construcción de una línea de telégrafo en la zona en disputa (diciembre de 1880), impulsaron al ministro de Venezuela en Washing­ton, Simón Camacho, a pedir otra vez la intercesión norteamericana”.

Como consecuencia, escribe el secretario de Estado Evarts al canciller bri­tánico: “En vista del profundo interés que toma el Go­bierno de los Estados Unidos en todo lo que pueda tener alguna relación con las alegadas intrusiones de potencias extranjeras sobre el territorio de cualquiera de las repúblicas de este continente, este Gobierno no puede mirar con indiferencia la adquisición por la fuer­za de cualquiera de tales territorios por Inglaterra; si la misión de los barcos en el Orinoco parece estar orien­tada a ese fin, los Estados Unidos esperan con natural interés más noticias de Venezuela”.

Al recibir “más noticias” de la agresión británica, Washington decidió intervenir, pero cautamente. El secretario de Estado Frelinghuysen en julio de 1882, propuso que Inglaterra sometiera la cuestión de Guayana al arbitraje. Apunta Frankel que “Venezuela solicitó un tratado de alianza con los Es­tados Unidos en 1884 contra toda agresión extranjera. Las condiciones de Guzmán Blanco eran tentadoras para los yanquis. Venezuela se obligaba a no compro­meterse en guerra sin el consentimiento de los Estados Unidos. A cambio del tratado, los Estados Unidos ob­tendrían el derecho a navegar por todos los ríos y lagos del sistema del Orinoco».

Grande era la cesión de soberanía movida por Guzmán, digna de él, pero Frelinghuysen rechazó el ofrecimiento, entonces el Ilustre Americano, despliega ofertas eco­nómicas directas. Antonio María Soteldo, ministro de Venezuela en Was­hington, escribe teorizando la función política de las inversiones:

“La inversión de capitales de los Estados Unidos daría a éstos un vasto campo de empresa enriqueciendo nues­tro país y desde luego les impondría el deber imprescin­dible de velar por nuestra seguridad, prosperidad y la paz pública y nos estrecharía tanto o más que una alian­za en el papel; porque de hecho estaríamos poderosa e irresistiblemente aliados en intereses materiales y aun morales. De seguro que los ingleses no tendrían más que pensar ni aun soñar con apoderarse de la Parima y de la llave del Orinoco”.

Está vigente

En esa época los Estados Unidos e Inglaterra estaban enfrentados por posesiones en América Latina y en general en el Tercer mundo. (Tercer mundo: es nombre que la globalización prohibió utilizar porque nomina las cosas con verdad). Al final se encompincharán en el tratado Hay-Pauncefote pero de momento están peleando.

Guzmán no se queda en palabras. Reparte a ciudadanos norte­americanos concesiones en la zona limítrofe con Guayana Britá­nica; igual abarcan hierro que maderas finas a granel. La concesión Manoa consta en total de 12 millones de hectáreas, lo que signi­fica todo el Territorio Federal Delta Amacuro -–que se crea para favorecer el negocio– y parte del Estado Bolívar e incluso parte del territorio Esequibo en disputa. También otorga la concesión Hamilton por el lago de asfalto de Guanoco, el mayor del mundo, cuya recuperación por Cipriano Castro traerá tremendos líos y finalmente su derrocamiento. Todos los inversionistas agraciados son norteamericanos, Guzmán está sembrando nuevas manzanas de la discordia entre los dos países anglosajones.

Maderas y asfalto son apenas minucias, lo fuerte está en las posibilidades de unir el Orinoco con el caño Casiquiare y ríos del Brasil, Paraguay y Argentina en un canal que movilizaría irresistiblemente la colonización de América del Sur por los Estados Unidos, vía su empalme a través del Caribe con el canal Mississipi-Illinois norteamericano. Es lo grave, gravísimo y ultrasecreto. ¿Cómo se haría? Por su capacidad, que decía al principio, de crear países y desaparecerlos por el poder de la riqueza. La Guayana inglesa fue un tremebundo tapón a ese canal pero ahora, en 2015, Inglaterra es un zerepe en manos de los Estados Unidos, en consecuencia está vigente. (Continuará)

Gerónimo Pérez Rescaniere, De Cristóbal Colón a Hugo Chávez Frías, Vol. 2.

geronimoperescaniere@gmail.com / Ciudad Ccs

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